Cultura

EL DANZÓN DE ISELA VEGA Luis Rubén Maldonado Alvídrez

Hay tanto que analizar y escribir sobre la política local y nacional. Pero, la realidad nos impone una pausa fúnebre: ha dejado este plano terrenal, la grandiosa (y también gran diosa) Isela Vega.

Escribir su nombre me hace recordar tantas cosas. Escuchar su voz, aún más. Su partida me abrió un hueco inesperado pues, su nombre es de esos fundidos al buen cine mexicano que hemos tenido la oportunidad de disfrutar en las últimas dos décadas. Te hacía pensar que Isela Vega era inmortal y que habría películas infinitas donde nos sorprendería hasta el fin de los tiempos, mismo que para ella nunca llegaría.

Pero, sí llegó. Se fue la famosa Lupe de “La Ley de Herodes”, la provocadora, la escandalosa, la rebelde. Personalidad magnética absoluta en la pantalla, que sacudió a todos esos “hijos de la decencia”, que utilizó Carlos Monsivaís para retratarla en las letras.

Trabajó dirigida por grandes de varias generaciones: Arturo Ripstein, Luis Estrada, Jaime Humberto Hermosillo y el jimenense Roberto Gavaldón.

Por Jaime Humberto Hermosillo descubrí en mi adolescencia a Isela Vega: dos provocadores y transgresores del cine mexicano. Una llevó a la otra; “Las apariencias engañan” me dejó sorprendido. Jamás esperé la trama, el desenlace… todo. De ahí, hice click con la tremenda Isela Vega.

De la única colaboración con el hijo pródigo de Jiménez, a quien le decían el ogro, Isela dijo en una entrevista: “Fue una experiencia trabajar con Roberto Gavaldón. Porque era un cascarrabias. Llegaba uno a entender que su carácter era amarguetas. A veces la gente es así. Pero sí era un muy buen director. Eso ni hablar”.

A Elena Poniatowska le confesó, lo que sería su mejor autorretrato: “Yo no tengo moral: mi moral es no hacerle daño a nadie. Elena la interrumpió para preguntarle: “Qué quieres decir con eso? ¿Por qué no tienes moral?”, Isela respondió con su eterna provocación: “Porque la moral me parece una limitación”.

Poniatowska le preguntó: “¿En qué te ha limitado a ti que haces lo que te da la gana?”
Isela Vega, retadora como siempre, respondió: “Si la tuviera me limitaría en todos mis actos, sobre todo en el trabajo”. Elena revira: “Pero tú eres un símbolo sexual”, a lo que la Vega contesta contundente: “No, soy la libertad en el sexo”.

Mejor retrato que el hecho por ella misma, no hay. Esa Isela Vega que de ser una actriz consolidada, la portada de Playboy la convirtió en el símbolo sexual absoluto en América Latina. La actriz que siempre tenía lista de espera para trabajar con ella y que fue rebelde, provocadora y transgresora hasta su último aliento.

Y como dice su famoso danzón: Isela Vega/tu corazón navega/es la vela que pasa/en la noche que queda…

En la noche eterna donde, para no extrañarle, aprenderemos que las pirañas aman en cuaresma.

¡Hasta siempre, Isela Vega!

ULTIMALETRA
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