Dr. Abel Ortíz Prado
Durante los últimos años hemos explicado el comportamiento de la economía mexicana recurriendo, casi siempre, a factores externos: la pandemia, la inflación mundial, las guerras o la desaceleración internacional. Sin embargo, al observar con detenimiento la evolución del crecimiento económico desde el 2018 surge una pregunta que merece toda nuestra atención: ¿por qué México comenzó a seguir una trayectoria distinta a la de sus principales socios comerciales precisamente antes de que ocurrieran muchos de esos acontecimientos? Tal vez las señales estaban ahí desde hace varios años; simplemente no habíamos formulado la pregunta correcta para interpretarlas.
La evidencia
La gráfica que acompaña este análisis resulta particularmente reveladora. Mientras Estados Unidos acumuló un crecimiento cercano al 27.8%, Canadá avanzó 18.7% y la economía mundial alrededor de 15.2%, México prácticamente permaneció estancado, con un crecimiento acumulado cercano al 0.8%. Lo verdaderamente interesante no es únicamente la diferencia en los resultados, sino el momento en que las trayectorias comenzaron a separarse. Desde 2018 la economía mexicana empezó a desacoplarse gradualmente del comportamiento observado en sus principales socios comerciales, incluso antes de la pandemia. Esto sugiere que la explicación no puede limitarse exclusivamente al ciclo económico internacional y nos obliga a explorar otros factores relacionados con la inversión, la productividad, la certidumbre jurídica, la calidad institucional y la capacidad del país para generar confianza de largo plazo.
La interpretación.
Los economistas Douglass North, Daron Acemoglu y James Robinson han insistido durante décadas en una idea sencilla pero poderosa: las instituciones importan. No porque produzcan riqueza por sí mismas, sino porque crean las condiciones para que las personas inviertan, innoven, emprendan y planeen el futuro con certidumbre. Bajo esta perspectiva, la gráfica deja de ser una simple serie estadística y se convierte en una invitación a investigar. Los datos no afirman por sí solos cuál fue la causa del desacoplamiento; lo que sí muestran es que existe un fenómeno que merece ser explicado con rigor. Y quizá esa sea la enseñanza más importante de este tercer capítulo editorial: las grandes transformaciones económicas rara vez comienzan con una crisis visible; casi siempre empiezan con señales discretas que sólo adquieren significado cuando aprendemos a observarlas desde una nueva perspectiva.
Reflexión final.
Durante mucho tiempo pensamos que la economía mexicana avanzaba al mismo ritmo que América del Norte. Hoy los datos nos muestran una realidad distinta. La pregunta ya no es si el desacoplamiento ocurrió, porque la evidencia indica que ocurrió. La verdadera tarea consiste en comprender por qué ocurrió y, sobre todo, qué debemos hacer para recuperar una trayectoria de crecimiento sostenido. Porque las estadísticas describen el pasado; las decisiones que tomemos a partir de ellas definirán el futuro.
Dr. Abel Ortiz Prado. Consultor en gobierno, finanzas y administración pública.








