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Polarizaciones y redes sociales

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Luis Rubén Maldonado Alvídrez

“En todos los casos en los que la mayoría está unida por un interés o pasión común, los derechos de la minoría están en peligro”, esta es una de las obsesiones del Padre Fundador y posterior presidente de los Estados Unidos de América, James Madison, en su papel como constituyente de la Constitución de aquel país. También auguró que, “todas las sociedades civilizadas se dividirían en diferentes sectas, facciones e intereses”. 

Desde la comunicación política se reconocen las complejidades crecientes de los electorados en los países de América Latina y otras latitudes. Sin duda, como nunca, las voces de las minorías, no sólo se hacen escuchar, retumban con eco impresionante en cada proceso electoral. 

Y no sólo quieren ser escuchadas, exigen participar en la toma de decisiones. 

La mayoría se forma por un conjunto de grupos minoritarios diversos y con intereses distintos y cada vez es más complejo construir un mensaje que conecte con la mayoría; se requiere mucho más trabajo de investigación, previo al inicio de la campaña electoral, para comprender al cada vez más enigmático y complejo electorado. 

Hay un ingrediente adicional en las próximas elecciones que se llevarán a cabo en el 2024: la creciente polarización política. 

En Estados Unidos la polarización política ha sido una constante desde el fin de la era Clinton y que se recrudeció al final de la era Obama; Donald Trump vino a coronarse como el rey de la polarización durante su estancia en la Casa Blanca. 

En México, la polarización comenzó en el año 2006 con la elección presidencial que ganó el panista Felipe Calderón por margen estrecho al entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, quien inició una lucha postelectoral con el estandarte de víctima de un supuesto fraude electoral y que lo llevó a autonombrarse “presidente legítimo” de México, con todo y gabinete. 

La polarización va creciendo en cada proceso electoral en América Latina: en Argentina durante las elecciones presidenciales 2019 se pudo constatar; recientemente en la pasada elección presidencial en Colombia se vivió una polarización fuerte y el resultado fue que Gustavo Petro Urrego se convirtió en el primer presidente de la izquierda en la historia de Colombia. 

Obtuvo el triunfo en segunda vuelta contra un interesante rival: Rodolfo Hernández, el candidato anti sistema, disruptivo, con un discurso estigmatizante, y ofensivo; la ira era la directriz de su mensaje. Utilizó adjetivos comocorruptos, bandidos, ladrones, mariguaneros, prostitutas y una larga lista, muy similar a los que el presidente mexicano utiliza en sus conferencias de prensa matutinas. 

El colombiano Hernández interpretó la indignación, rabia y frustración de un sector relevante de Colombia y comenzó a causar furor en las redes sociales; cosechó tal éxito que se auto nombró como el “rey del TikTok”. 

Esas minorías que se identificaron con Hernández tuvo en las redes sociales un gran vehículo para viralizar su mensaje polarizador al extremo y hasta ofensivo. Hernández quería ser el “Robin Hood” de Colombia para vengar a los de debajo de la opresión de los de arriba. Las y los electores colombianos venían de mucha crispación social previa y Hernández con su campaña de redes sociales hizo retumbar su mensaje y logró llegar a la segunda ronda. 

En lo que, aún se comenta fue parte de su estrategia, Hernández se fue Colombia bajo el argumento de que su vida corría peligro. Tiempo después regresó e hizo su campaña desde su casa utilizando las transmisiones en vivo en redes sociales, como su principal vehículo, sin olvidarse del contenido en TikTok. Le apostó lo que quedaba de campaña a las redes sociales de manera total. 

Llegó el día de la definición y Hernández perdió la elección. El “rey del TikTok” no tuvo el respaldo mayoritario. ¿Qué pasó con el poder de las redes sociales?

Las redes sociales son poderosas, son útiles para construir percepción y cercanía. Cada plataforma tiene su propio lenguaje, pero apostando toda la campaña a las redes sociales no es garantía de triunfo, como lo ha demostrado Colombia. 

Si bien, la polarización y la irrupción de personajes denominados como “outsiders” con mensajes agresivos que rayan en la grosería, se han vuelto populares, el electorado colombiano no conectó con la última etapa de la campaña de Hernández, la cual subió el tono en exceso y al extremo para ahuyentar a las y los electores. 

Lo que inició como una campaña que parecía tener estrategia, terminó siendo una cascada de ocurrencias que llevó a Hernández a la derrota. 

ESPRESSO COMPOL

México tendrá en el 2024 la elección más polarizada de la historia; lloverá odio, insultos y calumnias. ¡Vaya escenario para elegir a la primera mujer como presidenta!

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