Redacción Sentido Común
La burocracia mexicana ha sumado un nuevo episodio digno del realismo mágico, esta vez con un protagonista inesperado: Juan Rulfo. El icónico escritor jalisciense, fallecido en 1986, fue amenazado con ser reportado al buró de crédito por una deuda pendiente con Telmex, según reveló la periodista y abogada Fernanda Caso a través de su cuenta de X (antes Twitter).
El origen de esta historia surrealista se remonta a un departamento que alguna vez perteneció al autor de El llano en llamas. Allí vivió durante años una tía de Caso, quien nunca actualizó el contrato telefónico, por lo que el servicio continuó registrándose a nombre de Rulfo, incluso décadas después de su muerte.
Al intentar regularizar el servicio recientemente, los familiares se encontraron con una situación absurda: Telmex exige el pago de la deuda a nombre del escritor, ignorando que lleva casi 40 años muerto. La familia presentó el acta de defunción, pero lejos de resolverse el problema, comenzó un calvario burocrático que incluyó largas filas, prohibiciones de usar el celular en ventanillas y la insólita solicitud de imprimir una copia del acta (obtenida desde Google) en un puesto callejero.
“Siento que Rulfo disfrutaría esta historia”, comentó Fernanda Caso con ironía, añadiendo que ya pidió tres copias del acta “de recuerdo”, anticipando futuras complicaciones legales.
Aunque el caso ha generado carcajadas en redes sociales, también ha servido para poner el foco en las fallas de un sistema burocrático obsoleto, lleno de contradicciones y limitaciones tecnológicas. Tal como lo hacía Jorge Ibargüengoitia en sus crónicas, este tipo de situaciones reflejan un país enredado en trámites que bordean lo inverosímil.
Hasta el momento, Telmex no ha emitido ninguna declaración oficial sobre el caso. En redes, los usuarios se debaten entre la incredulidad y el humor negro. “Vine al Registro Civil porque me dijeron que acá encontraría el acta de mi inquilino, un tal Juan Rulfo…”, ironizó un internauta.
Así, Juan Rulfo, pilar de la literatura universal, ha sido convertido por la burocracia en un “deudor fantasma”, perseguido desde el más allá por cargos que, como muchos de sus personajes, flotan en el limbo de lo absurdo.








