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El “trueno violeta” de Milei

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Alejandra Cedrola

Si la Argentina hoy escribiera un tango se llamaría “Trueno violeta”.

Consultoras, encuestadoras, CRMs, bocas de urna, opinólogos de profesión, rosca política, pronosticadores, ni gurús de la comunicación política. Todos por primera vez coincidieron con la misma emoción: confusión. Después de unos resultados electorales sorpresa. Nadie vio venir el trueno violeta que, por unos instantes ensordeció a la Argentina. Un rugir leonino que gritó un triunfo por amplia mayoría de La Libertad Avanza (LLA), con 40,7% de los votos, sacando 10 puntos de ventaja sobre Fuerza Patria.

¿Nos sorprende? No, nada en Argentina nos sorprende. Somos unos sobreadaptados naturales a los movimientos económicos del país, nuestra cultura política y comunicacional y realidades sociales.

La victoria de La Libertad Avanza (LLA), encabezada por Javier Milei, consolidó un nuevo tipo de liderazgo, electo por primera vez en diciembre 2023, en el espacio público: disruptivo, mediático y abiertamente confrontativo con el sistema político tradicional.

Desde la perspectiva de la comunicación política, el cambio no puede reducirse a un giro ideológico, sino que representa una transformación profunda en la manera en que se articula el discurso del poder, se construye legitimidad y se comunica el proyecto económico ante la sociedad.

Acostumbrado a marcar agenda pública hasta mayo de este año, el presidente Milei, como jugando a los naipes, siempre “canta truco vale 4”, profundizando la polarización. Pero donde el relato kirchnerista que escuchamos durante más de dos décadas, oponía pueblo contra mercado, el mileísmo contrapone contribuyentes contra “casta política”. Esta reformulación semántica permitió resignificar valores liberales —eficiencia, competencia, desregulación— como demandas morales de justicia.

El éxito electoral de La Libertad Avanza se explica, en parte, por su dominio del ecosistema comunicativo digital. A diferencia de los partidos tradicionales, Milei construyó su liderazgo a través de redes sociales, transmisiones en directo y formatos virales, priorizando la autenticidad por encima de la formalidad institucional.

Su comunicación emocional, espontánea y altamente personalista desafió las convenciones de la política profesional y conectó con una generación desencantada con la retórica kirchnerista. Un rockstar de la política argentina para muchos, un influencer para otros, un economista para otros tantos, un genio, un loco, un distinto. Entre todas estas definiciones se mueve Milei, marcando ritmos.

Desde la teoría de la comunicación política, se puede entender como un ejemplo de populismo algorítmico, en el que la viralidad y la interacción sustituyen a la intermediación partidaria tradicional.

En el plano económico, más allá de su gestión basada en un proyecto de desregulación, apertura de mercados, dolarización, baja de inflación y minimizar el intervencionismo estatal, me gustaría detenerme en la manera en que estas ideas fueron narradas: la política económica se convirtió en una causa moral. El ajuste fiscal fue presentado como un acto de reparación ética frente al despilfarro y la corrupción del pasado.

Palabras, valores y objetivos incuestionables: romper con la casta política que vive del estado y no gastar más de la plata que se tiene.

Así, la economía de mercado dejó de ser un tecnicismo y pasó a constituirse en una identidad política, asociada a la honestidad, la eficiencia y la libertad individual. Así, la abstracta variable macroeconomía se convirtió en un proyecto ciudadano; todos sabemos cómo gastar solo lo que tenemos, nadie quiere funcionarios eternos.

Este desplazamiento semántico es clave para comprender la magnitud simbólica del giro electoral argentino.

Sin embargo, la historia argentina demuestra que los proyectos reformistas suelen fracasar cuando el discurso no logra traducirse en una percepción de justicia o de mejora concreta en la vida cotidiana.

El desafío ahora también consiste en institucionalizar la comunicación política. El estilo personalista y emocional que resultó eficaz en campaña puede convertirse en un obstáculo para la gobernabilidad. La centralización del mensaje en la figura del líder, sumada al uso permanente de redes como escenario de conflicto, puede debilitar la comunicación institucional del Estado y amplificar la polarización.

Con todas estas variables en el campo de juego, el capitán Milei vino a romper con otra creencia, la frase popular del fútbol argentino “equipo que gana no se cambia”.

Menos de una semana después del trueno violeta que inundó a la argentina, sin buscar mantener unido al equipo para mantener la química y la confianza que llevaron a la victoria, Milei renovó su gabinete de ministros: jefe de gabinete, ministro del interior, ministro de relaciones exteriores, viceministra de salud, secretario de agricultura y varios más.

Tal vez, precisamente en la búsqueda de institucionalizar la comunicación política y mantener el estilo personalista es que elige y designa como nuevo jefe de gabinete al vocero presidencial. Hombre de medios, con amplia trayectoria en prensa gráfica, radio y televisión, activo en redes digitales. Un hombre sin antecedentes en la administración pública. Un distinto, un hombre que resiste su propio archivo y sin controversias en Wikipedia. Que en este mundo, es mucho.

Milei revalidó su poder y juega con equipo nuevo. Y la Argentina baila al compás del trueno violeta.

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