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Pomuch y su tradicional limpieza de huesos por el Día de Muertos

HECELCHAKÁN, CAMPECHE, 01NOVIEMBRE2018.- En Pomuch, comunidad maya al sur de México, que significa “ lugar en donde se asolean los sapos” en el municipio de Hecelchakán, Campeche. Se lleva acabo un ritual milenario y místico que tiene sus orígenes en los ancestros prehispánicos de la zona, “la limpieza de los santos restos”. Cada año, en el mes de octubre previo a los festejos de día de muertos, los habitantes acuden al pequeño cementerio de la comunidad a limpiar los huesos de sus difuntos para recordar como eran en vida. Para poder limpiar las osamentas deben haber pasado tres años desde el fallecimiento, cada hueso es limpiado por separado con mucha dedicación y fervor utilizando una brocha como herramienta. Durante la limpieza los familiares platican con ellos y les cuentan que ha pasado durante su ausencia. Después de la limpieza, los huesos, se acomodan cuidadosamente en sus cajas de madera con su nueva vestimenta. Los vestidos son manteles de tela blanca que llevan bordado a mano el nombre del difunto adornado por flores multicolores que envuelven los restos de los difuntos. Al término de este ritual los restos son colocados en sus pequeños nichos y están listos para los días de los fieles difuntos. FOTO: FRANCISCO BALDERAS /CUARTOSCURO.COM

Redacción Sentido Común

En Pomuch, Campeche, se lleva a cabo cada año la “Limpieza de los Santos Restos”, una tradición prehispánica que consiste en exhumar y limpiar los huesos de los seres queridos de los pobladores.

La milenaria tradición se efectúa año con año del 26 de octubre al 2 de noviembre. La ceremonia para los mayas de esa región es de gran importancia, ya que según sus tradiciones, los muertos viven a través del recuerdo y limpiando sus restos se les rinde un tributo a su memoria para no olvidarlos.

Cada hueso es desempolvado y acomodado en una tela blanca con bordados. Por lo regular, las imágenes de impresas en la tela son de flores y ángeles y también se borda el nombre del cadáver.

Después de la ceremonia de limpieza, los restos son acomodados en una pequeña caja de madera de 30 x 60 cms. y terminan adornándola con flores naturales o artificiales. Alrededor del osario los visitantes prenden veladoras que, de acuerdo con la creencia maya, iluminarán el camino de la persona fallecida.