Nicole Cabrera
En los últimos días, el tema del sarampión ha generado preocupación en muchas familias y escuelas, incluida la mía: el Colegio Simón. Como estudiante, considero que esta situación debe invitarnos no solo a informarnos mejor, sino también a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos unos con otros para evitar la propagación de enfermedades.
El sarampión no es una simple gripe. Es una enfermedad altamente contagiosa que puede causar complicaciones graves, sobre todo en niños pequeños y personas con defensas bajas. Aunque hoy en día existe una vacuna eficaz, los brotes siguen apareciendo cuando la prevención se descuida o cuando no todos cuentan con su esquema completo de vacunación. Esto demuestra que la salud no es solo un asunto individual, sino colectivo.
En la escuela convivimos diariamente en salones cerrados, compartimos materiales y espacios comunes. Por eso, cualquier caso sospechoso debe tomarse con seriedad. Me parece correcto que las autoridades escolares informen, tomen medidas preventivas y, si es necesario, opten por clases en línea mientras se controla la situación. Aunque estas decisiones pueden resultar incómodas, al final buscan protegernos.
También creo que como estudiantes tenemos un papel importante. Seguir indicaciones, mantener una buena higiene, avisar si presentamos síntomas y no minimizar la enfermedad son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia. Muchas veces pensamos que “no pasa nada”, pero esa actitud puede poner en riesgo a otros compañeros y a nuestras propias familias.
Desde mi punto de vista, el brote de sarampión debe servirnos como recordatorio de lo valiosa que es la prevención y de la importancia de confiar en la información médica oficial. En el Colegio Simón Bolivar, como en todas las escuelas, no solo aprendemos matemáticas o historia, también aprendemos a convivir y a cuidarnos como comunidad.
Ojalá que esta experiencia nos haga más conscientes, responsables y solidarios. La salud es un derecho, pero también una responsabilidad compartida.
La autora es alumna del Colegio Simón Bolivar de Tepic, Nayarit.







