Óscar Parra
La Liga de béisbol nayarita debería ser conversación por su nivel, por su entrega, por la pasión que ha mostrado en el terreno. Pero no. Hoy se habla más de enfrentamientos que de la pelota.
¿Están contentos?
Porque detrás de cada juego no hay solo nueve entradas. Hay meses de trabajo silencioso, de gestión, de preocupaciones… incluso de sacrificios económicos. Los delegados y dueños no empiezan el juego con el primer lanzamiento; lo empiezan mucho antes, cuando apuestan por mantener viva una liga que existe gracias a su compromiso.
Y hoy, todo eso tambalea.
Tambalea porque es más fácil voltear a ver el morbo que reconocer lo bueno. Porque es más sencillo señalar que construir. Porque algunos decidieron cambiar su lugar como aficionados por el de jueces, y otros simplemente no entendieron que la agresión nunca suma… solo destruye.
Sí, hay molestia. Porque duele ver al béisbol, algo que tanto significa para muchos, quedar en segundo plano por decisiones equivocadas. Porque la realidad es clara, ambos equipos se equivocaron, ambos cruzaron la línea. Pero también hubo quienes tuvieron el valor de intervenir, de intentar poner orden cuando todo se salía de control.
Ojalá eso también se recordara.
Ojalá la final retome su camino. Porque el nivel que se ha visto ha sido de los más parejos y emocionantes en muchas ediciones… y sería una lástima que eso quede en el olvido.
El béisbol merece más. Y quienes realmente lo aman, también.








