Por: Carlos Alegre Marín
En cada ciclo electoral ocurre lo mismo. Basta con que asomen las pre, pre precampañas para que varios actores políticos levanten la mano con la intención de seguir —aunque la palabra incomode— cobrando del erario.
Y como parte del libreto, comienzan a acercarse a sectores de la sociedad que durante años ignoraron. Uno de esos sectores, históricamente utilizado en tiempos políticos, es el deporte.
De pronto aparecen camisetas recién estrenadas, balones regalados —muchas veces de dudosa calidad— y la infaltable selfie con el deportista destacado del momento. La imagen se sube a redes sociales acompañada de un discurso que habla de compromiso, impulso y respaldo… palabras que en muchos casos nunca se tradujeron en hechos.
Se ven mal porque la mayoría no practica deporte, ni lo hizo en su juventud.
Se ven mal porque algunos que hoy juegan la “cascarita” aseguran haber sido deportistas de alto rendimiento, sin entender siquiera lo que eso implica: disciplina, sacrificio, años de formación, competencias, derrotas y resiliencia.
Pero peor aún se ven cuando jamás respaldaron al sector y ahora pretenden convencernos de que siempre estuvieron del lado del niño o joven que tuvo que pedir apoyo en los cruceros para reunir dinero y asistir a una competencia.
El deporte no es utilería electoral.
El deportista no es escenografía de campaña.
El balón no es propaganda.
En Nayarit sabemos y nos consta que hay un aspirante que durante muchos años ha apoyado de manera constante al deporte. No en tiempos políticos, sino cuando nadie volteaba a ver las canchas.
Primero en su comunidad.
Después a nivel municipal.
Más tarde en el ámbito estatal.
Se dio a la tarea de traer a Nayarit las primeras peleas de título mundial de boxeo, algo que requiere no solo capital, sino visión y verdadero amor por el deporte. Y durante el último año promovió el gusto por el béisbol, trasladando con recursos propios —camión y entradas al estadio— a niños, jóvenes y padres de familia de docenas de comunidades nayaritas para que conocieran el Coloso del Pacífico y vivieran la experiencia de un juego de los Jaguares de Nayarjt equipo que compite en la Liga Mexicana del Pacífico.
Eso no se improvisa.
Eso no se construye en tres meses.
Eso se trabaja durante años.
Incansable como es, se ha ganado el respeto de la familia deportiva. Me refiero a Adahan Casas Rivas, un auténtico promotor del deporte y de los deportistas de nuestro estado.
Porque el verdadero apoyo no se grita en campaña.
Se demuestra cuando no hay cámaras.








