Redacción Sentido Común
El emblemático fresco “El Juicio Final”, una de las obras más impactantes de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel, atraviesa un proceso de restauración sin precedentes con el objetivo de devolverle la intensidad y luminosidad originales a sus colores. La obra, que mide casi 14 metros de altura y es considerada una de las máximas expresiones del arte renacentista, presentaba una capa imperceptible que fue afectando su apariencia con el paso del tiempo.
Desde hace 30 años, cuando especialistas en conservación del Vaticano retiraron un residuo blanquecino ocasionado por el sudor de los visitantes, esta parte del recinto no había sido intervenida con un trabajo de tal magnitud. Ahora, expertos trabajan para eliminar una sustancia identificada como lactato de calcio, descrita por las autoridades como “invisible a simple vista”, pero responsable de opacar gradualmente la superficie del fresco.
La directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, informó que la Capilla Sixtina permanecerá abierta al público durante el proceso. Sin embargo, “El Juicio Final” permanecerá cubierto por un andamio que exhibe una reproducción de la obra, permitiendo a los visitantes apreciar su imagen mientras se realizan los trabajos de conservación.
El procedimiento empleado es innovador y delicado: la sustancia se elimina utilizando agua destilada aplicada mediante una fina capa de papel japonés, técnica que permite limpiar sin dañar la pintura original. Jatta comparó el efecto del residuo con “algo parecido a una catarata”, que impedía ver con claridad la riqueza cromática concebida por el artista.
Por su parte, el jefe de investigación científica de los Museos Vaticanos, Fabio Morresi, señaló que el incremento en la transpiración de los visitantes en los últimos años, posiblemente relacionado con el cambio climático, habría acelerado el deterioro.
La restauración no solo busca preservar una obra maestra del patrimonio cultural universal, sino también generar conciencia sobre el impacto que millones de visitantes pueden tener en espacios históricos. La Capilla Sixtina, símbolo del arte y la fe, enfrenta así el desafío de equilibrar su apertura al mundo con la protección de uno de los tesoros más valiosos de la humanidad.








