Redacción Sentido Común
El crimen organizado ha encontrado en las redes sociales y los creadores de contenido una nueva vía para el lavado de dinero. Donaciones anónimas, rifas virtuales con premios de alto valor y cuentas con miles de seguidores pero escasa interacción forman parte de los mecanismos utilizados para mover recursos ilícitos.
Aunque no existen cifras precisas, la relación entre grupos criminales e influencers se ha vuelto más evidente. En Sinaloa, nombres como Markitos Toys y Ana Gastelum aparecieron en volantes que los acusaban de colaborar con “Los Chapitos”. Seis de los señalados han sido asesinados.
El proceso consiste en inflar facturas, simular contratos o justificar pagos con servicios inexistentes. Algunos creadores reciben remuneraciones en efectivo, bienes de lujo o criptomonedas, lo que dificulta el rastreo del dinero.
También se detectan operaciones a través de plataformas digitales que permiten donaciones, suscripciones y rifas. En muchos casos, las métricas se alteran artificialmente con bots y clics falsos para justificar ingresos elevados.
Especialistas advierten que el marco regulatorio actual es insuficiente y que las plataformas digitales carecen de mecanismos eficaces para detectar operaciones con dinero ilícito.








