Redacción Sentido Común
Israel lanzó la madrugada del 13 de junio una ofensiva militar de gran escala contra Irán, denominada “Operación León Ascendente”, en la que más de 200 aviones atacaron instalaciones nucleares clave como Natanz y Fordó, además de fábricas de misiles y bases militares. El ataque dejó como saldo la muerte de altos mandos iraníes, incluidos los generales Hossein Salami y Mohammad Bagheri, así como científicos vinculados al programa nuclear.
Tras la ofensiva, el gobierno israelí declaró estado de emergencia en todo el país, activó sus defensas antiaéreas y movilizó reservistas ante el temor de una respuesta inmediata por parte de Irán. De hecho, poco después del ataque, Teherán lanzó más de 100 drones hacia territorio israelí, aunque la mayoría fueron interceptados antes de causar daños mayores.
La comunidad internacional reaccionó con preocupación ante el riesgo de una escalada regional. Estados Unidos pidió moderación y confirmó que fue informado previamente de los ataques, mientras Irán, a través del líder supremo Ali Jameneí, prometió una respuesta “amarga y dolorosa”. Tanto la ONU como la Unión Europea condenaron el uso de la fuerza contra instalaciones nucleares y urgieron a ambas partes a evitar una guerra abierta.








