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SI LEÉIS, ESTARÉIS SALVADOS

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Alejandro Navas

El profesor de la Universidad de Navarra, Alejandro Navas fue el encargado de dar las palabras a los graduados, coincidió en que a su vez él se jubila. Factor de cambio en muchas generaciones, compartimos su discurso íntegro pues aplica a estudiantes de cualquier coordenada actual.

En este discurso voy a tratar cinco asuntos: Diagnóstico social, actitud, estrategia, recomendación, deseo.

DIAGNÓSTICO

En ciencias sociales distinguimos sociedad tradicional y sociedad moderna. En la tradicional, como indica el nombre, manda la tradición, lo que siempre se ha hecho. Se desconfía de la novedad, que se ve como amenaza. En una sociedad así, el grupo de referencia son los ancianos, ellos mandan (así ocurre todavía hoy en el mundo islámico o en China). La sociedad moderna se libera de la tradición, que considera superada, y mira al futuro. Su gran mito es el progreso, alimentado por la ciencia y la tecnología, que nos va a conducir a una sociedad perfecta, la utopía, el paraíso en la tierra. Esta sociedad prima la juventud, que es el grupo con futuro. Se exalta lo juvenil, encarnación de la belleza, la energía, la fuerza, la creatividad. Hay que ser joven o parecerlo, al precio que sea: dieta, body building, fitness, cirugía…

El folleto de la sociedad moderna adula a los jóvenes y les dice: venid, os esperamos, el mundo es vuestro, el futuro os pertenece. Pero los jóvenes ya no se creen ese discurso, desconfían y con motivo: trabajos de poca calidad, contratos precarios, sueldos bajos, imposibilidad de conseguir una vivienda digna… Habría que denunciar a la sociedad por publicidad engañosa.

El 1 de mayo fue día de manifestaciones sindicales. La convocada en Madrid por un grupo político iba encabezada por una gran pancarta con el siguiente texto: “Trabajar menos para vivir mejor”. No os creáis ese mensaje. Hay una perversa conspiración en Occidente –y en España- contra la cultura del esfuerzo. Por supuesto que el trabajo no lo es todo: hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar, pero sin un trabajo serio no iréis a ninguna parte.

Además, el mundo se ha vuelto todavía más incierto: cuando estábamos a punto de superar el covid, vienen la guerra en Ucrania y la inflación. Las encuestas dicen hoy que los europeos temen el futuro, tienen mucho que perder. Una coyuntura así es propicia para gente bien preparada y con ilusión, como vosotros.

ACTITUD

¿Cómo afrontar un futuro incierto? Con fortaleza y determinación. Estáis preparados, a pesar de los temores que podáis sentir. La fortaleza no consiste principalmente en acometer hazañas heroicas, sino en resistir. Llega la hora de la verdad y os veréis sometidos a presiones: del dinero, del poder, de intereses variados, de la propia fragilidad. La tentación de venderse será grande. Uno puede poner en el mercado sus talentos o incluso su propio cuerpo. Así, la notoriedad y el dinero llegarán con facilidad, pero es dudoso que una carrera que empieza con la exposición de la propia imagen en Onlyfans vaya a tener un final feliz. El derecho romano formuló una máxima sabia, que recogió luego la moral cristiana: el delito –el pecado- debe considerarse como físicamente imposible. Aun así, fallaremos y deberemos levantarnos para volver a la pelea. Pero si ese delito se considera de entrada como una opción más, adquirirá enseguida carta de naturaleza. Aparte de la dimensión sobrenatural trascendente, portarse bien tiene la ventaja de que permite dormir tranquilo, sin temores ni remordimientos de conciencia.

ESTRATEGIA

¿Cómo aguantar el tipo y abrirse camino en un mundo complicado? Siendo muy buenos profesionales. La excelencia nos proporciona libertad: podremos decir que no con facilidad y nos ganaremos el respeto de jefes, colegas y clientes. Y si no estamos cómodos en la empresa, podremos trabajar por nuestra cuenta, asociándonos con alguien más que piense como nosotros. Luchar en solitario se hace costoso, pero hacerlo en compañía de buenos amigos multiplica nuestra capacidad. Hay pocas cosas en la vida que no pueda conseguir un grupo de amigos bien decidido y preparado. Como es obvio, este contexto implica que se acabó el trabajo de por vida en una gran empresa: cada vez más firmaremos contratos temporales, ligados a proyectos concretos. Pero no hay problema, si trabajamos bien, enseguida estaremos en condiciones de seleccionar a los clientes.

RECOMENDACIÓN

A comienzos de los noventa, visité Washington en compañía de algunos colegas. Tuvimos una reunión con Benjamin (Ben) Bradlee, el lengendario exdirector del Washington Post. Le tocó pilotar la investigación sobre el Watergate. Sus memorias son lectura obligatoria para todo comunicador. Yo era el Decano de la Facultad en ese momento, y como es habitual, se debatía en España una reforma de los estudios universitarios. Le formulé una pregunta clásica en nuestro ámbito: ¿Cómo hay que enfocar la formación de los futuros comunicadores? ¿Haciendo hincapié en la práctica o en la teoría? ¿Convertir el aula en una sala de redacción o de posproducción donde elaborar contenidos o cuidar primero la formación humanística para amueblar la cabeza de los alumnos? Bradlee respondió de inmediato y de modo categórico: -“Que lean a Shakespeare”.

Esto mismo os recomiendo ahora: hay que leer. Lo que sea. Desde luego, mejor Shakespeare que literatura basura y de consumo, pero no importa si se empieza por lo fácil. Y consejo práctico: tener siempre un libro empezado, también cuando nos parece que en estos momentos estamos muy ocupados y no queda tiempo para la lectura. Siempre hay tiempo, y una manera muy sencilla de conseguirlo es recortar la atención prestada a las pantallas. Aquí tenemos todos un amplio campo para la mejora.

Si leéis, estaréis salvados. Porque leer os ayudará a pensar, a reflexionar, a tener criterio, a recordar lo que sois.

DESEO

Muy simple: volveros a ver en esta vuestra casa. El hogar es el lugar al que siempre se vuelve, sea cual sea la peripecia vivida. Así es también la Facultad. De entrada, os domina un impulso centrífugo: afán por salir, por experimentar, por probar vuestras fuerzas, por conocer el mundo. Es natural y legítimo. Luego vendrá la añoranza del hogar, el redescubrimiento de las raíces. Al igual que los padres, los profesores os miramos con cariño y simpatía y estamos siempre dispuestos para acoger y escuchar, listos para ayudar a curar todo tipo de heridas. Nada nos alegra más que veros de nuevo, en calidad de amigos. Hemos compartido durante estos años afanes e inquietudes profundas, base óptima para que arraigue la amistad, que es lo más necesario en la vida, como decía Aristóteles. Por tanto, esto no es una despedida, sino un hasta siempre.

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