Opinión

SABERES: LA EDUCACIÓN QUE MÉXICO NECESITA

Comunicación para el Bienestar

Cada sexenio suele decirse que la educación es un asunto prioritario dentro de las políticas públicas de los gobiernos. Asunto en el que más que buscar trazar políticas educativas eficientes, incluyentes y enfocadas en el bienestar de los niños, se politiza de acuerdo a los intereses existentes en cada administración.

En el caso del nuevo modelo educativo planteado por el gobierno en turno, se buscan cambios profundos en la manera en la que se ha entendido la educación pública en nuestro país. Y es que el actual sistema educativo tiene como principal objetivo crear trabajadores calificados para la vida laboral en vez de interesarse por la generación de agentes sociales con una perspectiva crítica del mundo.   

La idea, por lo menos en papel, no parece mala, ya que se pretende suplantar el modelo educativo tradicional actual por uno que priorice los conocimientos sociocomunitarios, por lo que lo más destacable del “Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana”, no es la desaparición de grados escolares y la implementación de fases de aprendizaje, sino una educación con base en los “saberes” comunitarios.

Por “saberes” debemos entender todo aquel conocimiento que no es científico pero que es compartido por la comunidad y que está comprobado empíricamente, por ejemplo, cuándo sembrar, cuándo lloverá, para qué sirve cierta planta o el trabajo de las parteras, es decir, cosas que se saben, que se aprenden y que se enseñan mediante el diálogo y la relación comunitaria, por lo tanto, el papel del niño debe pasar de ente pasivo a sujeto constructor de conocimiento.

“Se propone un multigrado por pares y se trabajará de acuerdo al nivel cognitivo real, lo ideal sería formar educandos que se desenvuelvan al ritmo de su desarrollo físico, emocional y social, eso evitaría deserción y aburrimiento”, nos comentó Pamela Beatriz Pacheco Reyes, pedagoga y directora general de nivel básico.

Por su parte, Sobeida Serna, directora de nivel preescolar, asegura que “se requiere cambiar la visión de la enseñanza a los docentes con respecto a lo que los niños requieren aprender, más que apegarnos a un método o programa, porque en la realidad de las aulas las prácticas son lo que cada docente quiere que sean y los planes y programas sólo se ven en la planeación”.

Aunque la propuesta nos parece buena y necesaria para lograr un cambio en las formas de relación social comunitaria, vemos con pena que la discusión se ha centrado en las formas y no en los fondos y, lamentablemente, la estrategia comunicativa de la Secretaría de Educación Pública (SEP) no ha contribuido a que el proceso de cambio se lleve a cabo de la mejor manera. Percepción que parece ser compartida por los directivos y docentes de nivel básico.

“El proceso de cambio me preocupa, se requiere capacitación, visión y, sobre todo, apoyo en desarrollo organizacional y gestión educativa para lograr el cambio de forma adecuada. Se necesita apoyo psicológico para los docentes, la pandemia ha sacado sus peores traumas, hay que verlos como seres humanos y no sólo como medios de implementación académica ¡ya están hartos!”, agregó Pacheco Reyes.

Las docentes aseguran que las escuelas, sobre todo las públicas, siguen resolviendo asuntos administrativos y operativos como el robo de mobiliario, adaptación a las nuevas formas de relación de la comunidad escolar por la pandemia Covid-19, movimientos de personal, entre otros, por lo que en realidad no han tenido tiempo para llevar a cabo las capacitaciones para implementar el nuevo modelo educativo.

“Nos enseñaron un video en el que se explica la dinámica, sin embargo, es muy corto para explicarnos todo, nos han dicho que no nos agobiemos porque se aplicará hasta el próximo año escolar, sin embargo, lo pongo en duda, porque hay que recordar que tenemos dos años de rezago educativo”, concluyó la pedagoga.

Pese a que la implementación del modelo de saberes es lo más importante ya que forma parte del cambio epistemológico que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha planteado desde el inicio de su administración, parece que la base administrativa y docente, desde los funcionarios de la SEP hasta los maestros de formación inicial, no han podido comprender el objetivo detrás de esta modificación y se han concentrado en el cambio estructural, en que, además, debe involucrarse a toda la comunidad.

Por otro lado, la base docente no es suficiente para llevar a cabo un modelo educativo basado en saberes, poque muchas veces ellos mismos no los saben, algunos otros no son miembros de la comunidad en la que imparten clases o están inmersos en el dogma del conocimiento científico como la única “verdad”.

Es necesario reconceptualizar tanto el papel de la escuela, como el de los profesores y alumnos. Colegios que no son más que un instrumento que ha servido al sistema capitalista para reproducirse. Profesores que, en el esquema de un modelo de educación bancaria, traspasan capital científico-educativo en alumnos que son los formados como futuros profesionistas que habrán de engrosar las filas de la clase trabajadora.

Es decir, más que una reforma laboral, disfrazada de educativa (como la implementada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto) se requiere un replanteamiento en las dimensiones políticas, epistemológicas y metodológica para empezar a replantear el papel del sistema educativo.

Desde la perspectiva del enfoque pedagógico sociocomunitario se requiere desarrollar mecanismos de profunda articulación entre escuela y comunidad y entre escuela y barrio. Esto es, en toda comunidad urbana o rural se desarrollan actividades productivas, culturales, sociales, religiosas, etc., por lo cual la escuela, a partir de sus actividades pedagógicas, debe vincularse a tales acciones. Es decir, se haría necesario tratar de generar un modelo educativo que derribe las bardas de las escuelas y que pase del cuaderno y del lápiz a la acción comunitaria y barrial.

Quizá debemos voltear la vista a las escuelas zapatistas, en Chiapas, que llevan décadas implementando este modelo con muy buenos resultados, porque se ha transformado el concepto tradicional de escuela por una educación comunitaria en la que todos son responsables y partícipes de la construcción, aprendizaje y enseñanza de conocimientos y saberes. Esperamos que las autoridades escolares sean capaces de resarcir los problemas de comunicación que se han generado para la implementación del nuevo modelo educativo porque, de fondo, es el modelo educativo es el que nuestro país necesita.

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