Redacción Sentido Común
La controversia sobre el acceso a las playas de Tulum se intensifica, pues mientras el gobierno municipal, encabezado por el alcalde Diego Castañón Trejo, presume de garantizar el acceso libre y gratuito a la zona federal marítimo terrestre, en la práctica, los visitantes se encuentran con una nueva barrera, la prohibición de ingresar con alimentos y bebidas propios.
Dicha apertura viene acompañada de un nuevo lineamiento: queda prohibido ingresar con alimentos y bebidas de procedencia externa en todos los accesos, inclusive en los puntos administrados por dependencias federales o a través de establecimientos hoteleros.
También se modificó el acceso peatonal y gratuito por la zona sur, particularmente a través de Playa Mangle en el Parque Nacional del Jaguar, un área administrada por la federación.
Esta medida levantó críticas entre habitantes y turistas, quienes interpretan que la restricción convierte el “acceso libre” en uno condicionado. Muchos opinan que obliga a consumir productos dentro de hoteles o clubes de playa, cuyos precios suelen ser elevadamente inaccesibles para ciertos sectores. Por su parte, las autoridades defienden la medida bajo el argumento de proteger el ecosistema costero, reducir residuos y preservar zonas sensibles como las playas de anidación de tortugas.
Para contrarrestar las críticas y reforzar el derecho de paso, 16 hoteles y beach clubs de Tulum han anunciado que permitirán el ingreso público a sus instalaciones sin cobro de “cover” ni consumo mínimo obligatorio.
No obstante, se aclara que la prohibición de alimentos y bebidas externas sigue vigente, lo que mantiene abierta la polémica sobre si esta regulación prioriza la conservación ambiental o los intereses comerciales disfrazados de orden ecológico.






