Opinión

PANDEMIA Y DESERCIÓN ESCOLAR

Fabiola Lara García

Escribo estas líneas en pleno día del niño y la niña, el cual debería de ser motivo de júbilo. Sin embargo, a más de un año de declarada la pandemia y de iniciado el confinamiento que fusionó las casas con las escuelas arroja datos escalofriantes: 2 y medio millones de niñas y adolescentes mexicanas no se inscribieron al nuevo ciclo escolar, de acuerdo con datos divulgados por Angélica Jocelyn Soto Espinosa de Comunicación e Información de la Mujer.

Según el reportaje, la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), reportó que un total de 2.5 millones de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 por motivos económicos u otros relacionados con la pandemia; 6.2 por ciento de ese total, es decir 155 mil, son niñas de entre 6 y 15 años de edad.

Según el mismo INEGI, en 2019, en tiempos lejanos de pre-pandemia, la deserción escolar de niñas y mujeres era de 2.3 millones. Con las nuevas 2.5 millones que no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 se estima que las cifras de deserción tras los cierres de escuelas por el COVID-19 superen los 5 millones.

Factores como el desempleo de alguno de los padres ó carecer de computadora, tablet, celular y servicio de internet o datos celulares, son sólo algunos de los motivos por los cuales ha aumentado la deserción escolar en tiempos de pandemia. Un 25.3% dejó la escuela por el desempleo de alguno de sus padres y el 21.9% por carecer aparatos o servicio de internet.

¿Qué podía hacer la autoridad para asegurar la continuidad educativa?

La pandemia obligó a que las autoridades educativas a nivel federal adoptaran medidas para que las y los estudiantes no perdieran el ciclo escolar: la señal de televisión y radio, podían ser de gran utilidad para ello. Sin embargo, dicho modelo no tuvo la eficacia deseada.

El modelo falló porque se planteó como si nuestro país tuviera totalidad de cobertura de servicio de internet o televisión. Además de asumir que cada familia tiene una casa amplia con espacio para cada miembro de la familia pueda tener privacidad. La realidad se estrelló en la propia estrategia, que acabó por fracasar.

El Instituto Federal de Telecomunicaciones presentó el informe “Uso de las TIC y actividades por internet en México” de 2019 que reveló que la probabilidad de que las mujeres usen las TIC o realicen determinadas actividades por Internet es menor que la de los hombres, por ejemplo, sólo 34.1 por ciento de las niñas en educación primaria tiene probabilidad de usar un teléfono móvil inteligente y 27 por ciento tiene probabilidad de usar el internet para consumir contenidos audiovisuales.

Pedraza Bucio enfatiza que el acceso limitado a las nuevas tecnologías repercute en el ejercicio de otros derechos, por lo que cerrar la brecha digital entre mujeres y hombres es clave ya que con acceso pleno al uso de tecnologías ellas podrían concluir sus procesos educativos y acceder a más y mejores empleos, además de que la combinación del acceso a la educación y nuevas tecnologías permite gestionar mejor ciertos derechos a través de las plataformas digitales, como hacer trámites en portales de gobierno hasta participar en denuncias y protestas que han ocurrido en el espacio digital.

“Todas las niñas que se van alejando de sus procesos educativos y del acceso a la tecnología se van alejando de ver, exigir y gestionar sus derechos, que no es sólo a la educación, sino a la salud, a la representación política, entre otros. Esto las coloca en un sector que no puede resolver sus necesidades básicas pero también las aleja de participar en los procesos de ciudadanía de manera plena”, explicó.

Así que, expertos del mundo urgen a cambiar el enfoque educativo para evitar mayor deserción escolar en nuestro país.

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