Opinión

NAYARIT Y CALIFORNIA

Rafael G. Vargas Pasaye

La historia de la migración en México data de toda la vida. Mucha gente de provincia buscaba mejores oportunidades y se acercaban a las zonas urbanas de mayor prosperidad, eso todavía parece suceder, aunque ya se dan fenómenos donde la gente de las grandes urbes busca salir a lugares con menor densidad poblacional, el trabajo desde el hogar también aceleró este proceso: poder trabajar en una oficina en medio de ruidos y contaminación o hacerlo desde la tranquilidad de un poblado con vista al mar o en medio de un bosque, pero con buen internet, puso a más de uno y una en la encrucijada de una toma de decisión de vida.

A escala nacional el fenómeno se traduce en los migrantes mexicanos que se han ido a Estados Unidos en busca del llamado sueño americano desde hace muchas décadas. Entidades que reciben un impulso significativo económicamente hablando de los familiares que desde la unión americana envían las llamadas remesas como Guanajuato, Michoacán, Zacatecas, Durango y por supuesto: Nayarit.

Aunque el fenómeno de la cantidad que está ingresando a nuestro país merece un estudio más analítico ya lo desvelaba el periodista Álvaro Alatorre desde noviembre del año pasado al publicar en sus redes sociales: “El espectacular aumento de envío de remesas tiene un ‘tufo’ muy raro. En Nayarit se estima que 41 mil 512 hogares son receptores de remesas. Si se considera que durante los primeros 9 meses del año los paisanos enviaron a Nayarit 622.1 millones de dólares, entonces cada hogar recibió la descomunal cifra de 14 mil 986 dólares, unos 299 mil 720 pesos”.

Hay muchas familias que ya hicieron su vida en el otro lado de la frontera y que la nostalgia y algunos familiares mantienen el fuerte lazo con nuestro país y entidad. El ejemplo aquí es la investigadora Natalia Molina con su libro “A place at the Nayarit. How a mexican restaurant nourished a community”.

Durante la pandemia fue notorio el apoyo también en el envío de dinero. Y no por nada uno de los vuelos que siempre estaba lleno era el de los viernes de Tepic a Tijuana. Por eso, y para posar en la foto, es que muchos van a la Feria de Nayarit en California, para recordarles lo importante que son para la dinámica local, pues pese a que algunas localidades parecen pueblos fantasmas ante su ausencia, hay otras que se notan en el apoyo que envían. Se extraña por ejemplo el llamado programa Tres por uno para migrantes que echó abajo el actual gobierno federal donde una parte de la inversión la ponían los paisanos, ahora ya no es posible.

Todo lo anterior nos recuerda la deuda que se tiene pero que no se ven muchas intenciones de cumplir con los migrantes, el diputado migrante que propusiera en su momento Adahán Casas, por citar un ejemplo. O espacios de decisión más allá de una oficina donde no había responsable en la administración anterior.

Complicado entender a Nayarit, y a México en general sin el papel de los migrantes, pero como sucede en ocasiones, muy bienvenidos los paisanos en época de fiestas, con sus dólares y anécdotas, pero pasando festividades lo que deseamos es que se regresen para que sigan enviando remesas y no opinen mucho de lo que se hace en casa.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

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