Opinión

LOS YAQUIS: ENTRE LA VIOLENCIA Y LA DEMAGOGIA

Comunicación para el Bienestar

Nada nuevo bajo el sol, de nuevo el pueblo Yaqui es víctima de la violencia en México en el que desde hace siglos nada pasa. Los yaquis que perdieron la vida víctimas de la violencia existente en el norte del país no eran activistas, eran “activos” afirma enérgica Anabela Carlón, abogada y miembro de la comunidad ubicada en el estado de Sonora.

Ayer fueron los porfiristas y los españoles quienes emprendieron una guerra frontal y de exterminio contra los Yaquis. Hoy, el principal sospechoso de los asesinatos es el narco que, bajo el amparo de las autoridades, opera con impunidad en territorios sagrados de la tribu cuyo difícil acceso los convierte en tierra de nadie.

Y en la escena el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Cuauhtémoc Cárdenas, personajes de la política mexicana, discursando frente a miembros del pueblo Yaqui. En su discurso AMLO ofreció un perdón histórico, restitución de tierras, obra social y no dejó pasar la oportunidad para desmarcarse de los españoles (así, en abstracto), de Porfirio Díaz y de todos los villanos oficiales que han discriminado o se han aprovechado de los pueblos originarios. El consabido “nosotros no somos así”.

Palabras y acaso propuestas emprendidas desde la política; obras, tierra, dinero para la modernización, pero de justicia poco se ofreció. Solo clases de historia que parecen innecesarias en un país en donde las narrativas se replican. Ya no hay españoles, ni porfiristas, pero algunos caciques permanecen repartidos en Sonora y a lo largo del país. Y unos poderes fácticos que han cambiado de nombre y que se han llamado iglesia, narco, pero que siempre han estado ahí, haciendo el trabajo de mantenimiento de un sistema al que no se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa.

El caso de los yaquis no es aislado, ni el único que existe en México en el que, como señala Eduardo Galeano “todos tenemos algo de sangre originaria. Algunos en las venas y otros en las manos”. Reconciliación que parece no solo lejana, sino que se considera poco útil ante la magnitud a la que han llegado las acciones violentas en medio de un sistema violento que no sabe de buenas intenciones, por muy buenas que estas parezcan.

Para comprender lo que ocurrió entre Cuauhtémoc Cárdenas y AMLO durante su breve encuentro en Sonora, es necesario sumergirnos en las tinieblas de un concepto que la estructura político-electoral ha olvidado y los que aún lo conocen prefieren hacerlo a un lado para no entorpecer sus aspiraciones personales, nos referimos a la ideología.

“Hay muchas izquierdas. Es muy difícil decir quién está en la izquierda y quién no. No veo una izquierda organizada en este momento, ni a ningún político importante ubicado en lo que yo llamaría izquierda”, sentenció el hijo del General durante una entrevista concedida al periódico El País en el 2019.

¿Pero qué es lo que Cuauhtémoc Cárdenas entendería por esa izquierda? En sus propias palabras, un hombre de izquierda es aquel que hace del rescate, ampliación y ejercicio efectivo de la soberanía de su país el objetivo de su trabajo y de su vida y que, desde la visión cardenista del mundo, convergen en el espíritu del hombre entendido como un ser de creación histórica destinado a conquistar su derecho a vivir con independencia de los caprichos de los poderosos.

Para entender el distanciamiento entre Cuauhtémoc y AMLO, primero tenemos que comprender que el General Lázaro Cárdenas entendía el mundo a través del cristal del socialismo que no concibe la acumulación pedante de conocimiento si este no es útil a la patria, si no se pone a su servicio, por eso sus programas de gobierno estaban encaminados a preparar al proletariado para la lucha de clases, a educar a sus hijos en la defensa del derecho colectivo sobre los individuales y a procurar una mayor equidad en la distribución de la riqueza.

En este núcleo ideológico se formó Cuauhtémoc Cárdenas, en el que la práctica del ejercicio político no es sólo teoría o sólo acción; sino que es acción teórica o no es nada, apenas retórica, como lo expresó durante su intervención frente al pueblo Yaqui; discursos y discursos, propuestas y propuestas, palabras y palabras, pero ni una sola acción a favor de la tribu.

No puede haber coincidencia entre la ideología y la demagogia porque son principios de naturaleza antagónica, sólo quien se apega a la primera puede ser un líder moral. “No conozco cuáles son las propuestas de Morena para elevar el crecimiento económico o para hacerlo sostenido y a largo plazo. Ni conozco sus propuestas respecto a la política exterior ni para reducir la desigualdad. No sé dónde esté Morena desde el punto de vista ideológico”, sentenció Cárdenas en la misma entrevista para el diario español.

Con estas palabras basta para celebrar que en México aún existe un líder político y moral, pero también para sentir desesperanza por el futuro porque es el único líder que tenemos, no hay otro personaje, ni hombre ni mujer, que esté a la altura de nuestros desafíos históricos y aunque esto es motivo de preocupación, honremos al General Cárdenas y hagámoslo motivo de acción como lo hicieron los líderes yaquis asesinados y los que aún se encuentran desaparecidos, el motor que impulse el nacimiento un liderazgo colectivo sostenido en la fortaleza ideológica y no en la fragilidad demagógica.