Opinión

LOS PANDORA PAPERS Y EL CIRCO DE LA HIPOCRESÍA


Comunicación para el Bienestar

Sol, arena, mar y una vida sin ningún problema más que volver a llenar la copa cuando se ha terminado el trago; esta sería la primera imagen que nos viene a la mente cuando oímos hablar de los “paraísos fiscales”, si hablamos de las Islas Caimán, Panamá, Uruguay, Bermudas o de las Islas Vírgenes, esta imagen quizá tiene sentido, pero, de acuerdo con la Unión Europea, de los 195 países que existen en el mundo, 17 son paraísos fiscales y 47 se encuentran en “zona gris” por no cumplir con los estándares fiscales ¿mundiales? además, algunos de ellos ni siquiera tienen mar.

El mundo offshore parece muy atractivo ya que forma parte del entorno en el que operan los paraísos fiscales y que atrae la atención de un número importante de empresarios, políticos y figuras públicas debido a que representa una oportunidad para eludir impuestos. Cultura, como muchas otras, instalada en el limbo legal.

Todo empieza cuando los titulares de determinados fondos buscan invertir eludiendo impuestos desde el anonimato. Para ello contratan la asesoría de firmas especializas de abogados y contadores que recomiendan la creación de una de estas peculiares empresas ubicadas en los países con tazas de impuestos bajos o sin obligaciones fiscales para extranjeros (por lo que después muchos inversionistas se van involucrando en otras actividades delictivas como el lavado de dinero) y que además aseguran cierto grado de confidencialidad.

El secretismo y la complicidad se convierten en parte central en la que operan estos esquemas millonarios en las que presidentes de la república, políticos en activo, asociaciones religiosas y figuras públicas de alto perfil buscan mover su capital para hacerlo crecer sin la incómoda obligación de pagar impuestos. Sistema de complicidades y de una justicia selectiva que hace como que no ve el movimiento de altos volúmenes de capitales pero que es implacable con los pequeños contribuyentes y la clase trabajadora.

Todo esto a propósito de los “pandora papers”. Documentos filtrados al Consorcio de Periodistas de Investigación que publican tales documentos que hacen pasar como un complejo rompecabezas informativo que devela nefastas prácticas financieras. Deshonestidad global que llama la atención por el nivel de los nombres implicados.

Escándalo que se centra en los nombres y apellidos de los señalados (Azcárraga, Salinas Pliego, Bartlett, Scherer Ibarra, Jorge Arganis, etc.) pero que no dimensiona la gravedad del caso. Y es que no es la primera vez que las sociedades offshore son cuestionadas por ser en realidad empresas fantasma que involucran manejos financieros opacos en los llamados paraísos fiscales. Periodistas que devienen en cuestionables unidades de inteligencia fiscal.

Investigación que se suma a la de los llamados Panama Papers y los Paradise Papers, que en otras latitudes ha obligado a renunciar a algunos políticos, pero que en México no ha tenido mayor repercusión que los ofrecimientos de que las autoridades habrían de realizar las indagaciones correspondientes. En este caso a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) le tomó unos cuantos minutos, después de que los Pandora Papers fueron publicados, para ofrecer celeridad en la investigación que, por cierto, involucra a funcionarios de la actual administración.

Si el 33% de los países no comparten las normas fiscales emitidas por los grandes organismos capitalistas ¿sobre qué se basa la legitimidad de los lineamientos impuestos por los entes financieros globales como el Fondo Monetario Internacional, la Federación Internacional de Contadores (IFAC) o el Banco Mundial? resulta entonces que el talón de Aquiles del capitalismo es el capitalismo no alineado.

Sin importar cuantos Pulitzer gane el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), estar en la lista de los pandora papers, panama papers o cualquier otro paper, es escandaloso pero no ilegal, eso es lo que se olvida poner en las millones de notas quijotescas que nos están dando una información parcial de estas filtraciones.

La distancia entre la inmoralidad y la ilegalidad es la misma que existe entre la evasión y elusión de impuestos; elude quien manda su fortuna a Panamá, evade el pequeño comerciante que no reporta todo su ingreso ¡escándalo! Es un escándalo llamado capitalismo y que los millonarios arreglan dando aviso al sistema tributario nacional y ya está, pero eso no significa que ingresen un centavo a las arcas de los países en los que se supone deberían tributar.

Reconozcamos que todos los países son paraísos fiscales, es decir, son los gobiernos los que generan las leyes tributarias de acuerdo con sus intereses y con los de quienes los ayudaron a llegar al poder, además, son ellos quienes deciden de manera arbitraria a quien perseguirán, a quien encerrarán, sobre quien ejercerán terrorismo fiscal y sobre quien no; paraísos para los ganadores, infierno para los perdedores.

La bestia negra de un sistema económico mundial que entierra sus garras sobre los pequeños contribuyentes y los asfixia con sistemas tributarios con cargas impositivas insufribles, recaudación cuyos fondos no van a parar a programas sociales como dicen los gobiernos, discurso conmovedor si no fuera poque la mayor parte de este dinero termina desviado a paraísos fiscales a nombre de los mismos funcionarios públicos que se quejan de la opacidad de las grandes fortunas ¡en fin, la hipocresía!

México, sin estar considerado como un paraíso fiscal, está entre los diez primeros países que más oculta activos opacos de personajes que operaron, operan y seguramente operarán desde la oficina de la presidencia por decir los menos. Los estados deben velar por el bienestar de todos los ciudadanos y no hacerlos víctimas de su voracidad tributaria, si a los gobiernos no les gustan las prácticas naturales del sistema capitalista entonces que no sigan gobernando para fortalecerlo. Así, para acabar con los paraísos fiscales primero deben desaparecer los infiernos capitalistas ¿quién será el valiente?