Opinión

LA ONU CONTRA EL BIENESTAR


Comunicación para el Bienestar

Ayer el mundo amaneció con la noticia de que, en Haití, la crisis humanitaria es tan grave que la ONU se declaró incapacitada para prestar auxilio a más de 700 mil personas que se encuentran en pobreza extrema. Condición que deja huellas por todos lados en la Isla de la que hoy muchos migran buscando mejorar sus condiciones de vida. En Afganistán la gente enfrenta momentos críticos entre un conflicto armado prolongado y una crisis de inanición que afecta a más de la mitad de su población.

Pero no es precisamente en boca de los políticos ni en los discursos institucionales donde encontraremos las respuestas a estos problemas o las mejores definiciones a conceptos fundamentales de los tiempos que corren. Capitalismo, neoliberalismo, democracia, pobreza, bienestar, son palabras que los líderes mundiales utilizan según la forma en que sus patrocinadores ven el mundo.

Mientras que en México más de 55 millones de personas en pobreza no pueden hacer uso pleno de sus libertades para acceder al bienestar. Entorno que parece negárseles, igual que a millones de personas alrededor del mundo, sobre todo después de una pandemia que paralizó al mundo y nos mostró lo lejos que viven de la realidad muchos filósofos e investigadores que presagiaban el fin del capitalismo ante la contracción económica que se vivió por la pandemia por COVID. No obstante, a ese gallo, no le tocaron ni una pluma y el sistema está más vivo que nunca.

En la tribuna de las Naciones Unidas, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lanzó un discurso que centró la discusión en la pobreza y la corrupción, ésta última una actividad poco ética y no lo suficientemente comprendida, legitimada incluso en determinados momentos, lugares y personas. Monstruo de mil cabezas que generó una cultura de la que es difícil escapar.

El concepto de bienestar entonces sube a la palestra como una meta planificada y dirigida a todos los pueblos del mundo y que tendría que acompañarse de un amplio sentido de la fraternidad, que implica situarse frente a los otros a partir de la confianza y del afecto. Necesidad de enfocar la mirada más allá de un sentido utilitarista y de explotación del pobre.

La propuesta de AMLO no se aparta de lo que ha buscado construir en México; terminar con fenómenos como la pobreza y la violencia a partir del trabajo, el destierro de la corrupción y una política de austeridad. Dinero que se le restituye a la gente, sobre todo a la más vulnerable.

El plan de AMLO es simple, pedir la solidaridad de las élites y lograr constituir un fondo de un billón de dólares, el cual sería otorgado a las personas sin ningún intermediario, por medio de una tarjeta similar a la del bienestar. Propuesta polémica que ya le valió el rechazo del representante de Rusia ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de los grupos opositores al primer mandatario en México.

Esta reunión fue una clara exposición de motivos sobre cómo los países comprenden el “desarrollo” de acuerdo al bloque económico-político al que pertenecen, México y sudamérica nos esbozaron una visión desde la marginación de la pobreza y exclusión política, representaron a todos los rezagados de América Latina que sirven (todavía) como maquilas del mundo desarrollado, pero que no tienen voz ni voto (por lo menos que alguien le importe) en asuntos de la política de las grandes ligas de la que nunca conseguirán membresía, pero que tampoco hacen nada por unirse entre ellos.

Por otro lado, los titanes del mundo, Estados Unidos y Rusia dando una visión unilateral, totalitarista e imperialista de cómo debe girar el mundo, ambos dibujaron a sus presidentes como los grandes salvadores mundiales, los dos con la autoridad política y moral para dictar las reglas del juego global, pero ambos igual de capitalistas, uno, Putin, encumbrado en el poder de por vida y el otro, Biden, continuando el juego sucio de Obama y Clinton.

En el centro, los países de la Unión europea encerrados en una burbuja de corrección política en la que la marginación y la pobreza mundial no tienen cabida más que en los discursos en los que arrojan sus migajas de lástima, pero que no dudan llevar a cabo una intervención militar o cerrar sus puertas a los migrantes a la mínima orden de la OTAN. Hay que recordar que hasta los monstruos hablan de derechos humanos y libertad.

El presidente Andrés Manuel López Obrador sabe que la presidencia del Consejo de Seguridad es ornamental, pero también sabe que es la mejor oportunidad para colocar su discurso en los reflectores internacionales, él no quería que los presidentes lo escucharán, pensar eso es de ingenuos o principiantes, él iba por la audiencia mundial y las discusiones privadas en los gabinetes presidenciales, de ahí la naturaleza de su discurso.

No sólo se atrevió a decir frente al presidente de la ONU que la organización no sólo no hace nada por disminuir los índices de pobreza, causal de muchos conflictos armados, sino que, además, es cómplice de los desastres del modelo económico actual como el fracaso para proveer de vacunas anticovid a los países pobres.

Por otro lado, López Obrador se atrevió a proponer lo impensable, un Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar financiado por las mayores fortunas y los países más ricos del mundo para que 750 millones de personas en situación de pobreza puedan ejercer su derecho a una vida digna, propuesta que, incomprensiblemente, indignó a muchos dentro y fuera de México.

En Comunicación para el Bienestar preferimos esperar a conocer los pormenores del plan antes de emitir un prejuicio del mismo, sin embargo, en el podcast que publicaremos el próximo viernes, abordamos la idea de que es una obligación ética y moral la retribución de los beneficiados del sistema para mejorar la vida de aquellos que son explotados y empobrecidos para que los más ricos sigan acumulando capital de forma desmedida, pero esta es una idea difícil de comprender y de cambiar, ni siquiera creemos que los más cercanos al presidente puedan entenderla o estén dispuestos a ejecutarla (nada más hay que voltear a ver el escándalo de la boda de Santiago Nieto, et al).

Lo cierto es que la genuina preocupación por el bienestar debe impulsarnos a romper los moldes y proponer nuevas formas de contrarrestar los desastres de esta indolente forma de conducir al mundo a su destrucción. Nuevas formas económicas, pero también políticas, porque el triunfo del capitalismo sólo es posible en un modelo democrático hecho a su medida, quizá ese fue unos de los faltantes del discurso del presidente, atreverse a romper los moldes de la realidad en la que él se mueve y que es tan dañina como el neoliberalismo; la de la displicencia de la falsa democracia.