Opinión

LA GRANDEZA DEL RIVAL

Rafael G. Vargas Pasaye

Nuestros rivales hacen que los triunfos se disfruten más, por eso es importante la competencia, y mientras más grande es nuestro contrincante de ese mismo tamaño será la victoria.

Esto viene a colación por lo que acabamos de ver y vivir en Londres, cuando se escuchó a la estrella del tenis mundial el español Rafael Nadal en la conferencia de prensa con motivo de la despedida de Roger Federer:

«Con el retiro de Roger, sí, una parte importante de mi vida también se va, porque todos los momentos en los que ha estado junto a mí o frente a mí fueron momentos importantes de mi vida”.

Federer y Nadal perdieron el duelo de dobles de la Laver Cup ante los estadunidenses Jack Sock y Frances Tiafoe, pero sólo fue el pretexto para despedir al suizo, a una de las máximas estrellas del llamado deporte blanco, de la ya leyenda de esa exigente disciplina.

“En la cancha tenemos estilos completamente opuestos, y eso es lo que probablemente hace que nuestros partidos y nuestra rivalidad sean uno de los más grandes e interesantes», añadió Nadal, quien no ocultó sus lágrimas al despedir al compañero de cancha.

Las fotografías del momento se volvieron virales, le dieron la vuelta al mundo, y no era para menos, muy pocas veces se puede ver a dos hombres tomarse de la mano y abrir sus sentimientos, llorar con esa fragilidad que pareciera los varones tienen prohibido.

Es un mensaje, una parte de lo cotidiano está cambiando y debemos entenderlo así, claro que entra de lo que se conoce como las nuevas masculinidades, pero también en ese abanico de recepción de mensajes distintos, actuales, con una perspectiva más amplia de lo que podemos hacer y ser.

Un abrazo puede cambiar el momento y una realidad completa, unas palabras de aliento, como también el saber perder y prepararse para los siguientes retos. Tiene que ver con lo que se mal llama generación de cristal, donde no hay espacio para la reflexión, y en la que la frustración se crece ante tanta exigencia, que se habla de desempleo si no se consigue la dirección general, o el presentar en redes sociales una rutina de vida pero en el mundo real tener más problemas de lo que se cree.

También tiene que ver lo de Federer y Nadal con respeto y compañerismo. El competir durante tantos años y ver que Federar ganaba lo impulsaba a ser mejor y viceversa, ese ir y venir en los grandes torneos acrecentaba la leyenda de uno y de otro.

De nada sirve denigrar al rival, pues en esa medida se estará menospreciando la victoria propia. Se debe tener respeto por quien se tiene enfrente, ya en la cancha de tenis, en la arena política o en la vida en general, esa competencia, esa rivalidad debe hacernos mejores competidores y por lo tanto mejores ganadores cuando se consiga esa meta.

Lo que nos han enseñado Roger Federer y Rafa Nadal sale de la cancha de tenis, llega a nuestra cotidianidad personal y laboral, y si no lo vemos así es que no aprendimos nada o peor aún, no merecemos aprenderlo.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

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