Opinión

LA FALTA DE CUIDADO EN LOS DETALLES DE COMUNICACIÓN

Rafael G. Vargas Pasaye

Esta semana en el Senado de la República se otorgó la Medalla Belisario Domínguez a Ifigenia Martínez, una mujer de lucha y de constancia en la vida pública de México. La ceremonia se vio levemente opacada, imperceptible para algunos, debido a que el letrero que se utiliza de fondo en casi cualquiera evento político o público, donde se anuncia de lo que trata, había una falta de ortografía en el apellido de doña Ifigenia, habían escrito en el también llamado back “Mártinez”.

Esta pifia llega en medio de otras tantas que estamos viendo y viviendo en diferentes instituciones que van desde el Gobierno de México, pasando por gobiernos estatales, sobre todo los nuevos, hasta los municipales y poderes legislativo y judicial. Y es más notorio en los comunicados y posteos en redes sociales virtuales personales e institucionales.

Tanto error se vuelve por desgracia una costumbre en actos como el del Senado, y eso impacta no sólo en los y las responsables de las áreas encargadas de la comunicación social como prensa, logística o relaciones públicas, sino también en los titulares como en este caso los senadores y las senadoras.

En varias ocasiones los posteos o contenidos en redes sociales responden a una estrategia y planeación, la mayoría de estos son generados y publicados por community managers, aunque no se puede dejar de lado la labor de la agenda diaria que en ocasiones choca con la estrategia en caso de existir. O bien cuando quien publica es directamente el o la integrante de la clase política, pues por lo regular son las piezas que contienen más errores de ortografía o de dedazos.

Pero tanto en esos contenidos para redes sociales digitales, como los de la publicidad institucional (un ejemplo reciente se vivió en Coahuila en el marco del festejo del Grito de Independencia), los comunicados oficiales de gobierno por ejemplo en las prisas por comunicar descuidan una parte importante que es la forma y el fondo. Y entonces parece que en lugar de una defensa de la ortografía, se carece de cultura general ya que donde sobran comas y frases, siempre hace falta contenido, datos, información de calidad. O bien una carencia en la formación profesional, en el conocimiento sobre las tareas de comunicación, así como los vicios y excesos del empirismo que en otra época pudo haberles ayudado.

Varios maestros en la formación básica nos enseñaron que para aprender a escribir hay que saber leer, pero si damos un paso más, entonces vemos que para conversar se requiere tener puntos en común, coincidencias, lecturas o conocimientos previos, vasos comunicantes pues, y hoy parece que no los hay.

Con qué integrante de la clase política no de México, dejémoslo en Nayarit, podremos hablar de literatura clásica, de los Tres Mosqueteros, de Rulfo, de Ibargüengoitia, de las películas de Buñuel, del “Indio” Fernández, ¿quién sabrá a quién le decían “El Crooner de México”?

Lamentablemente algunos creen que cuando llegan los votos o llegan los cargos también llega la inteligencia, e igualmente es lamentable cuando se dan cuenta que no es así; pero es peor cuando la soberbia les hace creer que una crítica es un ataque, cuando puede verse también como una oportunidad.

@rvargaspasaye

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