Opinión

LA DEMOCRACIA COMUNITARIA COMO OTRA FORMA DE ENTENDER LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA

Comunicación para el Bienestar

En su alocución en la conferencia mañanera del pasado 31 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió, a pregunta expresa de una reportera, a las bondades de la democracia comunitaria del estado de Oaxaca, a la cual señaló como ejemplo de participación política, en donde los usos y las costumbres son tan importantes, que las autoridades fungen el papel de servidores del pueblo, en vías de que tales usos y costumbres sean respetados.
Esto es, las prácticas y la participación política, toma matices diversos, que se traducen en formas de comunalidad (en donde las formas de relación, los principios, las reglas pasan por lo individual y toman verdadero valor en el colectivo), que tal vez sean difíciles de comprender a plenitud, a la luz del desgastado modelo de democracia liberal que es acompañado por una evidente crisis de credibilidad en el sistema de partidos.
La conformación política de las comunidades es un problema que apunta a factores como la democracia, la participación y la obtención de capacidades para satisfacer las necesidades individuales y colectivas.
En este sentido, es necesario buscar nuevas formas de participación democrática sin la intervención de agentes externos a la comunidad y que poco o nada saben del territorio en cuestión, además, es interesante ver como los modos de participación se salen de las “formas democráticas tradicionales”, simplificado en el sistema electoral homologado.
Estas democracias comunitarias se rigen por lo que se ha denominado “usos y costumbres” donde los ciudadanos tienen una participación directa en la discusión, la planeación, ejecución y evaluación de las políticas públicas de aquello que es bueno para la comunidad de acuerdo a su visión particular de la realidad social y política.
Así, tendríamos que señalar que la democracia comunitaria está contemplada en el artículo 25 de la Constitución del estado de Oaxaca, la cual establece que en la ley se establecerán el respeto a las tradiciones y prácticas democráticas de las comunidades indígenas. Así en dicha entidad existen más de 400 municipios (de 570 que comprende el estado) de usos y costumbres.
Tales formas de comunalidad, no pocas ocasiones se traducen en formas de resistencia política, cultural e incluso territorial.
En tal sentido en política nunca es bueno confiar a ciegas en algún proceso o práctica, así es pertinente tener claro que ningún modelo es ideal y todos son perfectibles, y las democracias comunales no es la excepción, pues bajo el concepto de “usos y costumbres” también se pueden ocultar prácticas poco democráticas y transparentes, que no están exentas de la corrupción, así como algunas otras que pueden considerarse una violación a los derechos humanos.
A nuestro modo de ver, el impulso de las democracias comunitarias es algo que debe ocurrir con la intención de replicarse en cualquier grupo comunitario rural o urbano, pero con los debidos controles que garanticen la transparencia en el uso del poder y recursos públicos, así como la garantía de los derechos humanos por encima de las tradiciones.