Opinión

HUMBERTO BUSTILLOS

Luis Rubén Maldonado Alvídrez

Cuando se habla o escribe sobre la cultura del esfuerzo, los políticos (especialmente) se refieren a la gente de muy escasos recursos económicos y que, a base de trabajo, salió adelante a pesar de las condiciones adversas. Inmediatamente viene a mi mente el nombre de Humberto Bustillos Castillo.

Y no lo pienso por la amistad que nos unió. Él fue muy generoso en contarnos en privado y en los micrófonos, su historia de vida: su condición muy humilde, allá en Creel y el empujón que le dio una beca para estudiar una profesión (misma que le otorgó un alcalde de Bocoyna) hasta su incorporación de manera fortuita, al negocio de la venta de enciclopedias casa a por casa y de ahí a un próspero negocio editorial.

Humberto era un personaje hiperactivo. No se estaba quieto nunca y así llegó a estar en cabina, detrás de un micrófono. Primero en temas deportivos y luego en asuntos políticos, allá en Cuauhtémoc.

En un anuncio de por allá de inicios de la década pasada, promocionaba en una revista impresa su programa de radio: “Humberto Bustillos le dice lo que otros callan”. Hace un par de meses, le tomé la fotografía de este y se lo compartí. Su reacción fue una risa socarrona cargada con nostalgia.

En 2004 se quedó a punto de ocupar una curul en el Congreso del Estado, representando al Partido Acción Nacional. Triquiñuelas de aquel proceso electoral llevaron a Víctor Quintana a ocupar su espacio legislativo.

En 2007 peleó por la candidatura del PAN al congreso local. Otra vez por el distrito con cabecera en Cuauhtémoc. Fue una férrea pelea, donde nadie pensaba que Humberto fuera a ganar. Y con todo en contra, Humberto ganó esa interna panista y logró la nominación; confesaba que hasta él se había sorprendido.

Pero presumía con orgullo: a pesar de lo adverso, con trabajo he logrado lo que me he propuesto.

Así era, mi buen amigo: tenaz. Muy tenaz. Se crecía ante la adversidad.

Yo lo conocí, gracias a la amistad que desde tiempos estudiantiles hice con su hijo Aarón. Incluso en 2007 la ayudé en su aventura electoral y nos hicimos buenos amigos.

Cuando me visitó en el Congreso del Estado para decirme que volvía al ruedo radiofónico, era el año 2017 y que lo hacía en Guachochi. Después estrenó nuevas frecuencias en San Juanito y Creel.

Cuando Johnatan, su hijo, me contó que ya estarían transmitiendo en la capital del estado de Chihuahua, quedé sorprendido: los planes de Humberto, paso a paso, se fueron concretando.

El 1 de septiembre de 2020, en plena pandemia, me uní a su equipo de trabajo en La Patrona con mi programa Plan de Vuelo y después como titular del noticiero matutino, donde fortalecimos nuestra amistad y nos divertimos de lo lindo todo el proceso electoral. Justo el pasado 15 de agosto, Cristy, su esposa y él me acompañaron a la corrida de toros en Ciudad Juárez, donde disfrutamos el regreso de la fiesta a la frontera. Compartíamos ese gusto.

El sábado pasado, la noticia de su muerte me sacudió por completo. Te extrañamos mucho, querido Humberto.

Gracias por tu amistad.

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