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EL CRISTAL QUE TODO DESTRUYE

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Juan Chávez

Ansiedad, paranoia, alucinaciones auditivas, visuales y sensoperceptivas, pérdida de apetito, falta de sueño, deterioro dental y comportamiento violento son sólo algunas de las consecuencias que deja el consumo de cristal y eso lo sabe bien Jesús, un joven de tan sólo 24 años; él no es el «conocido» drogadicto que vive debajo de un puente, o que viste ropa vieja y nada presentable, al contrario, es un abogado «exitoso», o bueno, eso era hasta hace unos meses, antes de que su adicción se le «saliera» de control como él mismo lo dice.

Jesús terminó su licenciatura hace poco más de seis meses, para muchos de sus conocidos él es un ejemplo a seguir, después de concluir la preparatoria se dedicó exclusivamente a trabajar por un año entero para ayudar a su madre en los gastos de la casa pero principalmente para solventar los gastos de la carrera de leyes; hizo examen para ingresar a la universidad y lo pasó con excelentes calificaciones, nunca ha dejado de trabajar, como chalán de albañil, de cajero en tiendas y en donde se podía, eso sí, siempre en trabajos legales.

«Dios me ayudó, y hoy yo lo sé, y por eso sé que seguiré adelante. Sí, desde antes de terminar la carrera ya estaba trabajando en lo mío, me gustaba pero por primera vez no podía con el trabajo, no me alcanzaba el tiempo para nada y lo peor es que no terminaba todo lo que me pedían, necesitaba horas y me equivoqué, tomé el camino fácil, eso lo sé hoy pero no lo sabía ayer sabes, no lo sabía cuando lo hice», me dice Jesús al detallarme que comenzó a consumir cristal en agosto del año pasado.

Él narra que el consumo de esta droga es más común de lo que la gente piensa, y no sólo en el país, sino aquí en el estado, en Tepic, «no tienes idea de cuántas personas se drogan, las que no se inyectan toman pastillas, pero todos consumen algo, gente de mi círculo, abogados, políticos, mujeres, gente que no te imaginas y no sé cómo le hacen para estar bien, yo creo que les va a pasar lo mismo que a mi tarde o temprano, están alejados de Dios y eso no te deja ver muchas cosas sabes».

En pocos meses Jesús perdió su trabajo, a su novia y a la mayoría de sus amigos, hoy sólo cuenta con el apoyo de su madre, quien hace casi tres meses lo convenció de internarse en un centro de adicciones y de donde hoy Jesús ha sido dado de alta. Él dice que comenzó a consumir cristal por recomendación de un colega suyo, para evitar el sueño y mantenerse activo, debido al exceso del trabajo y a la falta de energías. «Él fue el primero que me dio la espalda, y sigue trabajando y consumiendo, así piensa uno sabes, que tú eres el que controla todo pero no es cierto, la droga es lo peor, te cambia las ideas y te mueve mentalmente».

El consumo de cristal en Jesús se comenzó a hacer más frecuente, al inicio lo hacía de manera esporádica pero cada vez fue empeorando, primero creía que «rendía» más al consumir una vez a la semana, después simplemente sentía que no podía estar sin consumir, lo hacía cada tercer día o incluso diario, todo dependía del dinero que tenía y que incluso robaba a su mamá, pero en poco tiempo su cuerpo sufrió un deterioro físico y mental, no lograba conciliar el sueño por varios días, era distraído en el trabajo y cometió muchos errores hasta que su jefe lo despidió; su conducta y temperamento cambió, era violento con su ex pareja y con quien lo rodeara.

Jesús llegó al punto de que en una ocasión golpeó a su madre y más allá de las huellas en sus brazos por las inyecciones, de su ansiedad y otros problemas que tenía por el consumo del cristal, lo que lo hizo reconocer su adicción e internarse en un centro de adicciones donde le hablaron de Dios, fue haber dañado lo que más ama. «No está bien lo que hice, yo estaba mal, yo no soy así, mi mamá es todo para mí, me hacía falta Dios, en el centro me hablaron de Dios, me hicieron ver que yo solo no podía salir adelante que él tenía que ayudarme, que yo no estaba solo, que mi madre también estaba conmigo y que no necesito la droga».

Creo firmemente que nada justifica el consumo de drogas o sustancias que dañen nuestro cuerpo y a las personas que nos rodean, pero su caso me hace reflexionar mucho; lo más fácil del mundo es juzgar a los demás, creernos superiores y pensar que si alguien está en una situación complicada, de calle, de drogas, es porque él o ella así lo decidió o lo permitió, ¿en verdad será que los adictos al cristal o cualquier droga, son consumidores por gusto?, Así creamos que sí o que no, lo que importa es reconocer los errores y hacer algo para corregirlos, confío en que Jesús logre controlar su adicción y me preocupa lo que me dice, que el consumo es más común de lo que creemos, que comprar drogas hoy en día no es ni costoso ni complicado, creo ese tema nos debe preocupar a todos. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo electrónico juanfechavez@gmail.com

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