Opinión

DEBATES

Rafael G. Vargas Pasaye

Estamos en época de campañas político electorales, y en ellas hay elementos a los que en ocasiones no se le presta mucha atención, o por el contrario se les otorga demasiada importancia, me refiero a los debates.

En México tenemos una tradición reciente, data de 1994 cuando los entonces candidatos presidenciales Ernesto Zedillo (PRI), Cuauthémoc Cárdenas (PRD) y Diego Fernández de Ceballos (PAN), intercambiaron propuestas, planes, y algunas frases que quedaron para la anécdota, aunque fue del dominio público que el mejor orador no era el del partido hegemónico en ese momento.

A partir de allí, y como nos lo enseñó el primer debate presidencial en Estados Unidos en 1960 entre John F. Kennedy (Demócrata) y Richard Nixon (Republicano), se requiere de una preparación mínima para participar en esta dinámica que es sobre todo mediática y en particular pensada para la imagen y el mensaje.

Si bien es cierto que los debates se realizan para comparar las propuestas de los candidatos y candidatas que buscan un cargo de elección popular, por obvias razones, las autoridades electorales promueven en ese espacio, la participación de todos, sean partidos con muchos años o sean recientes, sean candidatos que lideran las encuestas o aquellos que quizá su objetivo sea mantener el registro.

Empero, pocas veces resaltan las propuestas, baste el ejemplo en el debate de la elección presidencial del año 2000 con Gilberto Rincón Gallardo sobresaliendo de sus competidores: Labastida (PRI), Fox (PAN), Cárdenas (PRD), los principales, logrando atraer algo de simpatías para su fuerza política.

Y en cambio lo que sí han proliferado son las frases prefabricadas para que resuenen en la memoria de quien sigue el debate, el año 2018, con los tres debates presidenciales heredó algunas que le juegan a favor o en contra al actual mandatario Andrés Manuel López Obrador.

En el caso de Nayarit, por ejemplo en la elección de 2011 no hubo debate entre candidatos al Gobierno, y en 2017 se tuvo la participación de siete candidatos incluyendo a los tres independientes en un formato un tanto acartonado, con los tiempos medidos, donde al no agotar el mismo, el candidato en su turno debía mantenerse en silencio hasta que se terminara su tiempo asignado, generando para quienes lo siguieron por radio, una desesperación innecesaria.

Es por ello, que los debates deben verse como una oportunidad, generar condiciones para hacerlos atractivo al púbico, con interacciones, con provocaciones en un ánimo de respeto, con una moderación si bien discreta sí fuerte cuando se requiera poner orden, con un entrenamiento que no haga que los participantes sobreactuén y con un electorado siguiéndolo por los medios donde se proyecte pues detrás de este ejercicio hay mucha planeación y mucho trabajo que debe aprovecharse. Y esto se da cuando luce más una idea que una edecán.

@rvargasasaye

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