Opinión

CORRAL: SU ALTEZA PEREZOSÍSIMA


Luis Rubén Maldonado Alvídrez

Javier Corral ha demostrado dos cosas en el trayecto de su administración al frente del gobierno del estado: no sabe ganar pero tampoco perder. Si bien, los chihuahuenses en su mayoría le dieron su voto en 2016 (afortunadamente yo no voté por él), la borrachera del poder parece no dejar llegar la cruda que trae consigo el abandono de la silla que alguna vez ocupó Francisco Villa.

En junio de 2016 comenzó la borrachera, inspirada por el triunfo contra el “duartismo” y de ahí no ha parado el aún gobernador del estado, quien parece que el final de su mandato, la cruda no llegará.

Pero hasta las mejores bohemias en La Antigua Paz llegan a su fin, con mucha más razón, el periodo más corto que ha ejercido un gobernador chihuahuense en el siglo XXI.

De los daños múltiples que Corral ha hecho a mi querido Chihuahua, escribiré después, ya que, en esta ocasión, el tema es el berrinche comandado desde Palacio de Gobierno, para retrasar y entorpecer todo lo posible el proceso de entrega al equipo de la próxima gobernadora de Chihuahua: Maru Campos.

Para Corral sucedió lo peor: ganó quien menos quería y a ella le tendrá que entregar la silla de la que no se quiere despegar.

Debe recordar Javier Corral que, aunque se lleve la silla a su casa, dejará de ser gobernador. Ya me lo imagino como en la película del maestro Felipe Cazals, “Su alteza serenísima”, en la que, en sus últimos días de vida, Alejandro Parodi (quien interpreta a Santa Anna), ejerce con nostalgia el poder en su casa como si aún fuera presidente.

Corral tiene talentos, uno de ellos, lo comparte con su compadre Juan Carlos Loera de la Rosa y con su hermano del alma política, Andrés Manuel López Obrador: la poderosa capacidad de destrucción. Y a eso le apuesta en la obligada entrega que tiene que hacer del gobierno estatal a Maru Campos.

La premisa corralista parecer ser: “si ella me ganó en las urnas, yo le voy a ganar en el proceso entrega-recepción”.

Lo cual no dudo. Javier Corral comparte otro talento con su amado AMLO: sus caprichos son política de Estado. Y como muestra, está el derroche de recursos púbicos en sus caprichos y la falta de obras y programas; para esos no hay dinero, para sus caprichos y obsesiones, no hay límite.

Corral nos deja un estado lastimado por sus fobias, obsesiones y caprichos. Aún en el ocaso de su gobierno, se niega a sentirse, como lo que es: un gobernador derrotado por la misma gente que lo llevo al poder y que hoy le reconoce un solo adjetivo como gobernador: perezoso.

Quizás, ya en su retiro y lejos de tierras chihuahuenses, emulará a Antonio López de Santa Anna en el filme mencionado líneas arriba y se haga llamar “su alteza perezosísima.”

ULTIMALETRA
¡Muchas felicidades por su cumpleaños, Don Pirrín Méndez! Orgullo de Parral y de todo Chihuahua.
luisruben@plandevuelo.mx

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