Opinión

AMLO, EL INE Y LA POLÍTICA DE LA INCERTIDUMBRE

Comunicación para el Bienestar

De manera certera, suele señalarse que el antónimo de comunicación, más que ser la incomunicación, es la incertidumbre. Y es que la incertidumbre suele dar paso a rumores, falta de certeza y todo esto es caldo de cultivo para quienes buscan sembrar la confusión, pensando que de esa manera podrán obtener algún tipo de dividendos. Así los regímenes democráticos suelen caracterizarse, no solo por la existencia de reglas claras (y el cumplimiento de las mismas), sino por un sistema electoral que provee certidumbre no solo en la manera en la que se llevan a cabo los procesos electorales, sino por la confianza de que el recuento de votos habrá de realizarse de manera confiable y se darán a conocer los resultados en los tiempos previamente establecidos.
En el caso de los pasados procesos electorales de mitad de sexenio en México, el Instituto Nacional Electoral (INE), puso a disposición de la ciudadanía el llamado Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), a nivel nacional y estatal, que prometía generar datos precisos, a partir del cierre de casillas en todo el país (es decir a las 8 de la noche) de la manera en la que se iban generando los resultados de la contienda electoral.
No obstante a la citada hora, el PREP empezó a mostrar serias inconsistencias que más allá de generar sospechas y rumores, la falta de información develó las inconsistencias de un sistema electoral anquilosado en donde se vota de la misma manera que hace más de un siglo, es decir el ciudadano emitiendo su voto, depositándolo en una caja y después haciendo un recuento a mano, contando voto por voto, y al cabo del cual se llena una compleja acta, que por cualquier error en su llenado, puede anularse la votación en dicha casilla.
Es claro que un sistema efectivo de conteo de votos, no asegura por si solo la democracia en los procesos electorales, ni la existencia de sistemas informativos que desde la 7 de la mañana empezaron una transmisión ininterrumpida. Nada de eso asegura la generación de procesos electorales limpios y legales. No obstante vale la pena repensar la eficiencia del PREP y la modernización del sistema de emisión y conteo de votos.
Así, pudimos darnos cuenta que en estados como Guerrero, Baja California, San Luis Potosí, y la propia Ciudad de México, el PREP, presentó francas inconsistencias o de plano, ni siquiera se podía tener acceso al programa. No obstante, en otros estados, como Nuevo León y Querétaro los resultados fluían de manera eficiente y con pocas irregularidades.
Por otro lado, la incertidumbre que generó el vacío de información del PREP, alimentó los escenarios para que las acusaciones de fraudes no se hicieran esperar, señalamientos que, ciertos o no, buscan generar una inestabilidad social que se traduzca en lo político, no es que se quiera ganar en la mesa lo que se sabe que no se pudo ganar en la urna, sino que se busca que nadie gane.
Pero estas acusaciones no encontrarían eco si la compra del voto, el corporativismo, la coacción, el robo de urnas, la amenaza y otros delitos electorales más evidentes como la promoción ilegal que varios youtubers hicieron del Partido Verde Ecologista de México, no hubieran sido los verdaderos protagonistas de la contienda.
Pero no solo el INE es responsable de este panorama, gobierno y oposición también ya que no hicieron nada para controlarla, al contrario, motivaron a sus candidatos a apelar al fraude y al sentimiento de la gente que es la que siempre pierde.
Desafortunadamente esto no es nuevo, la política de la incertidumbre como la llama Andreas Schedler, es la que se ha practicado en los distintos regímenes autoritarios que ha padecido México desde finales de la revolución y hasta ahora.
Por un lado, hemos padecido la incertidumbre institucional que es aquella que proviene de amenazas reales o imaginarias y que se magnifica para generar pánico como mecanismo de conservación de poder, ya sea el narcotráfico, la crisis, o la mafia del poder, cualquier elemento que apele al miedo ciudadano.
Por el otro, la incertidumbre informativa, que surge de la imposibilidad de obtener información certera de estas amenazas. Así, en el pasado proceso electoral, el fraude se convirtió en una incertidumbre institucional que, informativamente, era más bien un problema de opacidad, corrupción e irresponsabilidad política de todos los actores de la contienda.
En un régimen democrático, serían las instituciones las encargadas de generar certidumbre, tanto institucional como informativa, en México, son estas instituciones (políticas, gubernamentales y empresariales) las que general el caos ¿será esto una democracia?

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