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La grandeza de ofrecer disculpas

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Rafael G. Vargas Pasaye

En los tiempos actuales donde la inmediatez marca buena parte del ritmo del sistema de información, es necesario hacer una pausa para referirnos a dos hechos recientes donde periodistas y medios de comunicación ofrecieron disculpas por contenidos compartidos, y eso no es de todos los días.

El primer caso es el de la periodista Lety Robles de la Rosa en Excélsior, y el segundo es el de El Universal con el tema de la supuesta entrevista de Carlos Monsiváis donde menciona a Andrés Manuel López Obrador, realizada por el periodista Edmundo Cázares.

En el caso de Robles de la Rosa, la periodista publicó el 23 de junio una investigación sobre nepotismo en el Senado de la República en la que aseguró, con base en fuentes internas, que Emiliano González —colaborador y camarógrafo del senador Gerardo Fernández Noroña— era su hijo, a pesar de no compartir apellidos. El senador lo desmintió de forma categórica y el asunto escaló rápidamente. 

Fue la madre del joven, la académica Lilian González de la Lama, quien envió una carta directamente a Excélsior para desmentir el vínculo. Ante eso, Robles de la Rosa hizo algo que muy pocos hacen: publicó en redes sociales una disculpa pública dirigida a la señora González de la Lama, aclarando que la información publicada era responsabilidad exclusivamente suya. No se escudó en sus editores ni en quienes le proporcionaron los datos. Asumió. Eso, en el ecosistema mediático actual, tiene un valor que no debe minimizarse.

El segundo caso involucra al Gran Diario de México y al periodista Edmundo Cázares, quien entregó la supuesta recuperación de una entrevista realizada hace 27 años al escritor y cronista Carlos Monsiváis. El texto fue publicado el 18 de junio y contenía un párrafo en el que Monsiváis habría hecho señalamientos graves sobre López Obrador, incluyendo afirmaciones sobre su vida personal que la familia del intelectual desmintió de manera tajante. 

Lo que agravó el asunto es que ese párrafo no aparecía en ninguna versión previa de la entrevista —ni en la de 1999, ni en reediciones posteriores— y que el propio Cázares admitió no tener en su poder los audios que lo respaldaran. El Universal exigió la grabación a su colaborador, no la recibió, retiró el texto de su plataforma digital y el 26 de junio emitió una disculpa pública dirigida a la familia de Monsiváis y a sus lectores, reconociendo la falla en sus procesos editoriales. El diario asumió no haber cotejado el contenido antes de publicarlo.

En este segundo caso hay que agregar que debido a recortes, dinámicas internas y otros factores, han disminuido la presencia de editores, redactores, jefes de sección o de información, filtros que ante su ausencia generan este tipo de situaciones.

Y es justo por eso, en estos tiempos en que medios tradicionales, digitales y opinadores que se creen influencers llegan a un alto número de personas que consumen contenidos que no siempre se rigen bajo el marco de la veracidad, de la confronta de información, ya no digamos siquiera de la mínima vergüenza —citando al periodista nayarita Óscar Verdín—, sobresale quien ofrece disculpas a sus lectores y seguidores, y a quienes se vieron afectados. Además, de paso da un buen mensaje de que no todo está perdido en la atmósfera de la información.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

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