Nayeli Rubio
El aroma a antojitos recién hechos, los colores vivos de las artesanías y el murmullo de la gente dieron la bienvenida a quienes asistieron al Encuentro de Colores y Sabores de Nayarit, una feria que no solo mostró productos, sino también la identidad de un pueblo orgulloso de sus raíces.
Desde el primer momento, la calidez de los nayaritas se hizo presente. Productores y artesanos de Jala e Ixtlán del Río se convirtieron en los protagonistas de una jornada donde cada pieza, cada platillo y cada historia hablaban de tradición, de trabajo y de herencia familiar.
Durante la inauguración, la secretaria general de Gobierno, Rocío Esther González García, en representación del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, reconoció el esfuerzo de quienes, “con dignidad y orgullo vienen a presentarnos sus productos”, destacando el valor de mantener vivas las tradiciones.
Entre los asistentes también se encontraban autoridades municipales de Ixtlán y Jala, quienes compartían algo más que el protocolo: el amor evidente por su tierra.
Más allá del acto oficial, la feria cobró vida entre los pasillos. No solo se trataba de comprar, sino de aprender. Los talleres permitieron a los visitantes observar de cerca cómo se elaboran las piezas artesanales, entendiendo el tiempo, la dedicación y la historia detrás de cada una, dejando de lado la costumbre del regateo para dar paso al reconocimiento del trabajo justo.
Este esfuerzo forma parte de una visión más amplia impulsada por el gobernador Navarro Quintero, en coordinación con el secretario de Turismo, Juan Enrique del Real Tostado: mostrar que Nayarit es mucho más que sus playas. Es cultura, es tradición y es comunidad.
Al final del recorrido, lo que queda no es solo el recuerdo de los sabores o los colores, sino las historias de quienes han sostenido estos oficios por generaciones, algunas por más de 90 años. Historias que siguen vivas en cada feria, en cada producto y en cada visitante que decide llevarse un pedazo de Nayarit consigo.








