Luis Rubén Maldonado Alvídrez
El mayor fracaso del Secretario de Seguridad Pública del estado de Chihuahua Gilberto Loya es la mala percepción que tiene la Torre Centinela en Ciudad Juárez. ¿Por qué la Torre Centinela tiene tan mala percepción entre la sociedad juarense?
Por la falta de comunicación política efectiva, la cual es el pilar para que cualquier proyecto pueda lograr consenso social. El 10 de agosto de 2022, la gobernadora de Chihuahua Maru Campos Galván colocó la primera piedra de la Torre Centinela, marcando el inicio de la construcción de este edificio que fue anunciado como “el epicentro de la estrategia de seguridad estatal” con una inversión de 4 mil millones de pesos para implementar tecnología de punta, con el objetivo de que los esfuerzos policiacos sean precisos y asertivos.
En aquel momento la Torre Centinela fue presentada con la narrativa de “no ser solo un edificio, sino parte de una estrategia integral que reúne tecnología avanzada, coordinación interinstitucional y una policía estatal de primer nivel”.
Entre los beneficios que anunció la gobernadora chihuahuense: la regularización de 400 plazas de policías y el traslado de la sede de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal a Ciudad Juárez.
Remató, Gilberto Loya, que la Plataforma Centinela contaría con miles de cámaras, arcos, filtros, estaciones de trabajo, video walls, drones, tabletas y sistemas de inteligencia artificial y que el gran cerebro estaría en la Torre Centinela, desde donde se prometió, se coordinará la vigilancia y el monitoreo de los 67 municipios del estado a través de 13 subcentros ubicados en las poblaciones de mayor prioridad.
La narrativa oficial se concentró en el compromiso del gobierno estatal (que apenas iniciaba) con la seguridad pública, apostando por tecnología avanzada y una estrategia integral para combatir la inseguridad y proteger a las familias chihuahuenses.
Después de aquella ceremonia, los esfuerzos para socializar dicho proyecto y sus beneficios desparecieron por completo, lo que generó vacíos en la comunicación oficial. Cuando empiezan a aparecer vacíos en la comunicación las consecuencias pueden ser bastante graves y la Torre Centinela es prueba de ello.
Estos fueron llenados rápidamente por una narrativa orquestada desde el revanchismo del candidato perdedor a la gubernatura por Morena Juan Carlos Loera y asesorado por quien fue corrido del Palacio de Gobierno chihuahuense: el entonces panista y hoy morenista devoto Javier Corral Jurado.
Además de Loera y su titiritero, se sumaron los esfuerzos del también expanista Cruz Pérez Cuéllar, quien, en ese entonces, se estrenaba como alcalde de Ciudad Juárez y los vacíos se llenaron en un nado sincronizado que hizo Morena desde las redes sociales, medios digitales y tradicionales; se impuso la narrativa de inutilidad de la torre ante los vacíos generados por el gobierno estatal y la dependencia responsable de la seguridad pública, se puede decir que bajaron los brazos y se dejaron ganar en el ring de la opinión pública.
El mejor ingrediente para preparar un caldo de desconfianza es el vacío de comunicación. Si no hay constancia en la comunicación, estrategia ni transparencia, es muy fácil sembrar la sospecha de que algo anda mal o que hay corrupción. En pocas palabras: Morena aprovechó la recta para batear un home run.
Si la sociedad percibe que queda fuera de decisiones importantes, como la construcción de la Torre Centinela, le resta legitimidad al gobierno y al proyecto. Cuando los mensajes oficiales no se repiten con constancia producto de una estrategia clara y se abandona la esfera mediática y digital, entonces será muy difícil lograr el consenso social necesario entorno a una política u obra pública.
Por eso, la comunicación profesional y oportuna, es fundamental áreas como la seguridad pública.
En el caso de la Torre Centinela, ante la aparente rendición comunicativa de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal de Chihuahua, que cedió todos los espacios a las y los opositores, la narrativa que ha triunfado por su dominancia es la siguiente:
Controversia, opacidad, corrupción, inutilidad y derroche de recursos públicos.
La fecha de entrega, prevista para febrero de 2024, no fue posible. Las autoridades atribuyen el retraso a problemas técnicos con el terreno, pero aseguran que no habrá un costo adicional para el estado.
La Torre Centinela se ha convertido en un símbolo de opacidad, retrasos y presunta corrupción, afectando la confianza pública en los proyectos de seguridad y en el manejo de los recursos estatales.
Los vacíos de comunicación no solo dificultan que la sociedad contraste, sino que se deja guiar por una sola narrativa. Durante años, tanto la Secretaría de Seguridad Pública Estatal como el área de Comunicación Social del gobierno estatal, simplemente capituló y cedió la agenda completa a sus rivales.
En días pasados, medios de comunicación reportaron que la Torre Centinela ya supera el 90% de avance en su construcción, la narrativa oficial asegura que se prepara para convertirse en el epicentro tecnológico de la seguridad en el estado de Chihuahua sin comunicar ningún beneficio al metro cuadrado de las y los juarenses.
No se ve que exista, desde la esfera oficial estatal, intenciones de investigar para desarrollar una estrategia de comunicación, mucho menos campañas en aire, tierra o redes con una narrativa humana y emotiva que le diga de manera directa a las y los juarenses.
ESPRESSO COMPOL
Adicional al gran vacío comunicacional de la Torre Centinela, la gente de Ciudad Juárez le añade un ingrediente: el mal sabor de boca que deja la campaña para posicionar a Loya como potencial candidato a algo. Lo que en Ciudad Juárez no ha caído bien. Si parte de esos esfuerzos se utilizarán para comunicar asertivamente los beneficios de la torre y Plataforma Centinela, habría un mejor recibimiento para ambos. Pero, simplemente, a veces, la política es más importante.






