Dr. Abel Ortíz Prado
Con la guerra comercial iniciada por EEUU, el mundo cambió; ya que todo apunta a que el “Libre Comercio” ya es parte de la historia contemporánea, y que los aranceles en el nuevo escenario; llegaron para quedarse a nivel global. Con la imposición de estos a todas las importaciones de acero, aluminio, automóviles y demás importaciones provenientes de México y Canadá se destruyó el Tratado del Libre Comercio al incumplir el principio fundamental del mismo, que era dar certidumbre a los inversionistas de que no se modificarían las reglas del juego, todo bajo el argumento de imponer medidas para controlar la entrada de fentanilo a ese país, pero donde realmente el fondo de dicha propuesta se centraba en disminuir el déficit comercial de USA con sus principales socios comerciales, pero en la aplicación de dicho ejercicio, ese país descubrió la impresionante fuerza su mercado y en consecuencia decidió extender dicha medida a las importaciones de la Unión Europea, Corea del Sur, India, Japón y otros países, agregando gravámenes adicionales a los impuestos a los productos chinos ya desde la primera presidencia de Donald Trump y que su sucesor; el presidente Biden, nunca eliminó sentando precedente. Sin embargo, -a decir de la División de Estudios Económicos de Banamex- más allá de resolver dicho problema (que no necesariamente es un problema), estas medidas han aumentado significativamente la incertidumbre y diversos indicadores sobre la probabilidad de recesión en dicho país han aumentado, con efectos adversos para los mercados financieros a nivel mundial.
Esta elevada incertidumbre política extiende su dominancia de riesgos al resto del mundo y no se diga a nuestro país como uno de los principales socios comerciales. De entrada, el anuncio del presidente Trump ayer 2 de abril, de su intención de solicitar al Congreso Norteamericano la eliminación del T-MEC, reducirá de manera significativa la inversión extranjera en México dejando en la ilusión el anhelado Nearshoring, y en la medida en que continúe este entorno, se tendrá un deterioro de la actividad económica en el mediano plazo. En este complicado escenario, a pesar de que la inflación se mantiene dentro del rango de la meta objetiva de Banxico es preocupante; -afirma Benito Solís Mendoza, destacado analista financiero- que los precios al mayoreo se han “elevado en 8.0%” lo cual significa que los fabricantes y los comerciantes no han podido repercutir sus incrementos en costos de precios en los insumos y en los bienes intermedios hacia los precios de los bienes finales, situación que de mantenerse, tendrá un impacto en la inflación al consumidor, y este incremento de precios se reflejará en menor consumo, baja en la producción, menor actividad económica, pérdida de empleos y por ende, consolidara la recesión técnica que ya registra nuestro país en este primer trimestre del 2025, escenario en el que al mes de marzo se proyectan los siguientes indicadores macroeconómicos. Crecimiento del PIB 0.0%, tipo de cambio $ 21.3%, inflación 3.8% y tasa de política monetaria 7.25%.
Esta declaración de la independencia económica de Norteamérica se pronuncia un día después de la presentación de los Pre-Criterios Generales de Política Económica (P-CGPE) por el Ejecutivo Federal a la Cámara de Diputados, documento en donde para el 2026 se le apuesta a la fortaleza del mercado interno, al crecimiento a la inversión, al crecimiento en el empleo y salarios con base en el comportamiento de la economía, registrada hasta el cierre del 2024, a pesar de que la actividad económica de México ya manifestaba desaceleración significativa desde el cuarto trimestre de ese mismo ejercicio fiscal, ya que durante el 4T24 el PIB se contrajo 0.6% trimestral y en enero el IGAE cayó 0.25 mensual, lo que apunta a una continuidad del debilitamiento de la economía, con su consecuente desaceleración en la generación del empleo formal.
Por otra parte, nuestras exportaciones automotrices registraran una severa caída, las cuales son las que más contribuyen al crecimiento del PIB. En este escenario, no debemos de perder de vista que en el pronunciamiento de la liberación norteamericana va implícita una agresiva política migratoria que reducirá significativamente el monto de las remesas familiares –y consecuentemente el consumo de dichas familias- que es una de las principales fuentes de entrada de divisas al país que nutren las reservas internacionales, variable que al igual que el reducido déficit en cuenta corriente, menor dependencia del financiamiento externo, régimen cambiario flexible, sistema bancario robusto y autonomía del Banxico -providencialmente aún-, han respaldado la resiliencia actual de México. De esta forma, las variables cargadas de optimismo propuestas en los P-CGPE-2026: PIB (+1.5 a 2.5%); Inflación 3%, Tipo de Cambio $ 19.90 y tasa de política monetaria del 7%, tendrán que ajustarse a nuestra nueva realidad para hacer muy objetivo el planteamiento del respectivo paquete económico en su momento. El conocimiento es el único recurso que crece cuando se comparte. [email protected]. Consultor en Finanzas, Administración Pública y Asociaciones Público-Privadas.